El reconocido arquitecto danés Bjarke Ingels trabaja en una ambiciosa propuesta para aliviar los efectos globales del cambio climático, su nombre: Masterplanet. La iniciativa contempla, entre otras ideas, tener una red eléctrica mundial, unificada, basada en energías renovables. 

Toda industria tiene sus rockstars. ¿Qué fueron Le Corbusier, Louis Kahn y Antoni Gaudí, en sus respectivas épocas? ¿Tan solo arquitectos? No, rockstars de la arquitectura. A ese listado histórico hoy se debe sumar al danés Bjarke Ingels quien, con dos documentales sobre él, oficinas en cuatro mecas del diseño —Copenhague, Londres, Nueva York y Barcelona—, numerosos reconocimientos y un lugar entre las 100 personas más influyentes del mundo en 2016, según la revista Time, se ha ganado un lugar entre las grandes estrellas de esta disciplina. 

A sus 46 años ha creado obras que asombran, que superan los convencionalismos y que tienen otras intenciones, la de ser espacios que ayuden a mejorar el mundo y dejen una huella imborrable. Ingels quiere que cada una de sus edificaciones sea recordada, así lo decía en Dezeen, el conocido portal de arquitectura. La publicación lo entrevistó para hablar de Big Time (2017), el filme documental que realizó Kaspar Astrup Schröder sobre su vida, y el arquitecto insistía en que seguía esperando un proyecto que pudiera ser tan emblemático como, por ejemplo, la Ópera de Sídney. Pero, con 200 edificios en su historial (21 de ellos se encuentran en construcción) y decenas de planes de urbanismo a nombre suyo y de su estudio BIG (Bjarke Ingels Group), el arquitecto no tuvo más opción que pensar en grande y formular una solución definitiva, a la que llamó Masterplanet. De ella habló por primera vez en octubre de 2020 con la periodista Ciara Nugent de Time. Se trata de un plan maestro para abordar el cambio climático, de manera global, a partir de diez sectores y recursos: el transporte, la comida, la industria en general, la energía, el manejo de residuos, la biodiversidad, el agua, el acceso a la salud, la arquitectura y el urbanismo. 

En pocas palabras, lo que hay que transformar, lo que hay que proteger y lo que se puede usar para lograr ambas cosas. Ingels, acostumbrado a pensar en grande, explicó que su iniciativa está diseñada para ayudar a una población de 10.000 millones de personas, la cifra de habitantes que tendría nuestro planeta hacia 2050; y que se basa en la tecnología existente en el mundo actual y no en ideas futuristas sin fecha de estreno. 

Para los conocedores de su obra, Masterplanet no es ninguna sorpresa. Primero, porque la escala de los proyectos de Ingels ha venido aumentando exponencialmente con los años; segundo, porque el danés ha estado interesado en la sostenibilidad desde que tenía 19 años y su pasión por el tema la ha demostrado en varias charlas TED; y tercero, porque cada día surgen nuevos planes, provenientes de diversas disciplinas, que buscan revertir el cambio climático. Doris Tarchópulos, doctora en Urbanismo de la Universitat Politècnica de Catalunya y docente en la Universidad Javeriana, le recordó a Amarilo que las Naciones Unidas, por ejemplo, trabajan desde hace tiempo en la creación de políticas que puedan contribuir no solo con la sostenibilidad ambiental, sino con la educación, el acceso a la alimentación y la mejoría del hábitat. 

Por eso la propuesta de Ingels no es sorpresiva –quizás sí lo sea la de Norman Foster que nos invita a colonizar otros planetas–, pero resulta muy llamativa. ¿Por qué, si ya hay iniciativas mundiales pactadas por diversos países, en colectivo, para enfrentar estas problemáticas, la de Ingels podría funcionar mejor? El danés le respondía a Time que hay una sutil diferencia, que los arquitectos tienen una visión única para abordar estos retos; las soluciones que pueden proponer son muy diferentes a las de los políticos de turno, los activistas o los científicos. Los arquitectos, recordaba él, son quienes materializan, en cada nuevo espacio, los requerimientos, las sugerencias y las necesidades de los diferentes actores urbanos. “En eso tiene razón. La arquitectura, en tanto urbanismo, en su capacidad de entender el espacio, sus escalas, sus dimensiones y su funcionamiento, para proyectarlos, se convierte en una disciplina de emergencia”, dice Tarchópulos, recordando que esta ha ayudado a enfrentar importantes crisis en distintos momentos de la historia. “A principios del siglo XX se plantearon los nuevos modelos que pretendían combatir el contagio de enfermedades. En el XIX tuvimos seis pandemias de cólera, tuberculosis y fiebre bubónica, entonces todos los arquitectos trataron de imaginar una ciudad ideal donde la luz, el aire y el sol fueran democráticos, y se pusieron a trabajar en el alcantarillado (un tema que abordamos en nuestro anterior número). Hoy lo estamos volviendo a ver con el covid-19 y las formas de manejar los espacios”. 

Así nacieron conceptos como la zonificación por actividades, las ciudades jardín y las de 15 minutos. Es cierto, los arquitectos tienen aptitudes ideales para contribuir a los grandes cambios del mundo, y un creador tan brillante como Ingels puede ser decisivo en esa labor, pero que adelante por su cuenta el Masterplanet parece poco probable. “Resulta que la arquitectura ya no es una labor exclusiva del arquitecto. Nosotros realizamos un trabajo interdisciplinario, debemos tener interacción con el sociólogo, el ambientalista o el economista urbano”, añade Tarchópulos. 

El sueño de Ingels se complica más al recordar que propone acciones tan complejas como la creación de una red eléctrica unificada, basada en energías renovables, para todo el planeta; la puesta en marcha de ciudades flotantes para enfrentar las crecientes mareas, o convertir desiertos marinos en jardines que activen las capacidades del océano para absorber las emisiones de carbono. Por eso él mismo ha explicado que desde BIG están consultando a expertos en cada uno de los diez campos de acción del plan. Crear otro futuro Bajo esas condiciones, el mayor desafío para Masterplanet es su ejecución. Ingels pretende que su plan esté disponible para todo el mundo, que sea un documento que cualquier líder político o alto directivo de una compañía pueda consultar, pero cree firmemente que se debe llevar a cabo con esfuerzos de la empresa privada y lejos de la dependencia de los fondos públicos. Tarchópulos debate su apreciación. “Ingels habla desde el territorio que conoce. 

El sector privado en Europa o Estados Unidos, donde más ha trabajado, es un ámbito ilustrado, uno que al cumplir con sus objetivos de desarrollo sostenible será premiado por el Estado. Pero no creo que ese mismo sector se comporte de igual manera en países como China o India, donde se están construyendo ciudades completas sin un ente que controle sus emisiones”. Así que, y en eso coinciden ambas partes, todo dependerá de las políticas públicas de las diferentes naciones, que necesitan hacer una transición de las dinámicas tradicionales hacia unas que les permitan, a todos los actores, participar en la prevención y la adaptación al cambio climático de una manera balanceada. Finalmente, y así lo ha dicho, Bjarke Ingels no espera convertirse en una autoridad que dicte las normas de salvacion del planeta. Pero con su ambiciosa propuesta sí busca llamar la atención y sembrar una idea en el imaginario global. Así lo valora Tarchópulos, “ese ejercicio de pensar el mundo está muy bien. Para eso estamos los arquitectos. Entre más se piense en el futuro, entre más gente comience a reflexionar sobre el tema, más posibilidades de cambio tendremos”. Intentamos conocer más detalles sobre el Masterplanet, de hecho, nos contactamos con las oficinas de BIG, pero nos respondieron que “como es un concepto en desarrollo, nos gustaría esperar un poco y continuar la conversación en el día de su lanzamiento”. Estaremos esperando con curiosidad. Se supone que la presentación de la iniciativa sería en algún momento de 2021, a través de una serie documental de diez capítulos conducida por el propio Ingels. Así son los rockstars.