El sector turístico ha tenido uno de los peores años de su historia por cuenta del covid-19. Pero la inesperada pandemia ha provocado que muchos viajeros vuelvan su mirada hacia el turismo sostenible. Este, como lo dice el título del artículo, es una alternativa para transformar comunidades positivamente. Le explicamos por qué.

Vigilante y silenciosa, la selva de Nuquí ha sido testigo del auge turístico en el Chocó en los últimos 30 años, y ha visto multiplicarse los hoteles construidos por inversores extranjeros. Una expansión que siempre le causó desconfianza a Josefina Klinger, quien observaba cómo los nuevos alojamientos foráneos crecían, pero no contribuían con el desarrollo de la comunidad ni del municipio. Por eso decidió crear una iniciativa de turismo sostenible: “Entendí que debía jugar de anfitrión —asegura con voz templada— porque una cosa es la gente que llega y otra la que tiene el ombligo enterrado en este lugar”.

Así nació Mano Cambiada, una corporación que fundó en 2006, y que fue la operadora del Parque Nacional Natural Utría hasta 2019. Con esta ha logrado proteger el territorio y mejorar las condiciones de vida de su gente, bajo un modelo sólido que involucra la gestión inteligente de los recursos ambientales, la valoración de la cultura afro, la educación para los niños y los jóvenes y, ante todo, el intercambio de saberes. La bella morena Josefina es una de las líderes de su región, una estratega del ecoturismo comunitario, quien nos da el mejor ejemplo de cómo lograr que este sector sea sostenible.

El turismo, como lo han dicho los analistas, es el nuevo petróleo de Colombia. El año pasado, el país recibió a más de cuatro millones y medio de extranjeros. Pero estas buenas cifras traen otros desafíos para el país, el principal de ellos es seguir estimulando el sector, pero cuidando nuestros recursos naturales, sin ellos el ‘nuevo petróleo’ no sería posible. 

El turismo es el petróleo de Colombia

Foto por – Daniel Serna Abusaid – Cortesía de Impulse Travel4

La nueva realidad

El turismo cambió con la crisis sanitaria del covid-19 y nos obligó a mirar nuevamente el mercado local. Ante las recomendaciones de mantener una distancia social, los pequeños hospedajes, con capacidad para 30 personas (en promedio), se convirtieron en la mejor alternativa. Uno de ellos es el Araucana Lodge, fundado por Christopher Calonje y ubicado a 40 minutos de Cali. Durante estos meses su dueño se ha centrado en fortalecer sus características sostenibles.

La huerta orgánica que produce comida para el hotel, el cultivo de café que ofrece a sus clientes y la unión con los productores locales para generar un consumo circular, fueron algunas de sus prioridades; además de la preservación de las ocho hectáreas de bosque colindante.

Natalia Bayona, directora de Innovación y Transformación Digital de la Organización Mundial del Turismo (OMT), define así los actuales objetivos del sector: “la innovación y la sostenibilidad deben ser la nueva realidad”. Con la pandemia las proyecciones positivas del gran turismo quedaron en números rojos. El 2020, que parecía ser un año prometedor para el sector a nivel mundial, se convirtió en una temporada de habitaciones vacías. Pero en medio de la crisis se abrieron nuevas oportunidades para el pequeño turismo sostenible.

Aves endémicas de Colombia

Capito hypoleucus, una de las aves endémicas de Colombia que el grupo de investigadores (conformado por estudiantes, excombatientes, profesores, campesinos) encontró en la Expedición BIO en Anorí

En este, como lo mencionó Bayona, las herramientas digitales cobran un gran valor. Eso lo sabe Juan Diego Vargas, fundador de Lifer Nature Tours, una empresa especializada en turismo de naturaleza y en la observación de aves en Costa Rica. Los efectos del covid-19 golpearon su negocio en plena temporada alta. Pero él supo reaccionar a tiempo: “¿Qué hacemos nosotros? Vender experiencias. ¡Y estas se pueden vivir en el mundo digital! Por eso comenzamos a realizar tours virtuales y en directo. Entrenamos a un buen número de guías locales–así les garantizaron su trabajo durante esta época difícil–, y programamos la página web para que ellos ofrecieran estos novedosos recorridos que fueron comprados por nuestros clientes”.

Más que preservar los empleos de quienes participan en los diversos frentes del turismo sostenible, estos emprendimientos deberían formar a quienes hacen parte de ellos para que luego, si así lo desean, puedan comenzar sus propios proyectos en el sector. Así lo afirma John Edward Myers, experto en política ambiental y fundador de la Northern Colombia Birding Trail, “La idea es que la capacitación sea tan buena que cuando los recursos dejen de llegar por parte de los donantes, la gente ya esté posicionada en el mercado y pueda seguir trabajando en turismo”. 

¿Quién se lleva el dinero?

En 2015 la ONU presentó los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible, entre los que se encuentran la conservación del medio ambiente, la educación, el fin de la pobreza y el consumo responsable. El turismo sostenible es uno de los pocos sectores económicos que tiene injerencia en cada uno de ellos.

Para Rodrigo Atuesta, fundador de Impulse Travel, esta noción turística trasciende los ideales de preservación ambiental e involucra otros aspectos cruciales, como trabajar por la paz y la justicia social; una labor que realiza en alianza con decenas de proyectos en Colombia. Un emprendimiento que reúne estas características es

Caguán Expeditions, que fue creado por excombatientes de las Farc. Ellos organizan planes de ecoturismo que incluyen rafting, senderismo, o un repaso por la memoria histórica nacional, en San Vicente del Caguán y el departamento del Caquetá.

Otro de los valores del turismo en estos tiempos es la conservación. Esta es una de las prioridades para Carlos Bethancourt, guía de avistamiento de aves y marketing mánager de la empresa panameña Canopy Family. Él trabaja en las selvas del Darién con las comunidades indígenas que decidieron cuidar su ecosistema porque entendieron el valor del turismo. “Siempre será mejor que un viajero venga a conocer su región que, por ejemplo, dedicarse a talar los árboles. Podrían hacerlo, pero, ¿quién se lleva el dinero por acabar con su propio entorno? ¡El maderero! A ellos nos les queda nada”. La compañía también administra un lodge compuesto por ocho toldos estilo safari africano, con capacidad máxima para 16 personas, y ubicado en el punto ideal para recorrer una selva casi impenetrable que alberga diversas especies de aves. Toda la electricidad del lugar es producida por sus paneles solares.

Aunque el sector turístico llegó a sus niveles más bajos durante el 2020 debido al covid-19, expertos como Bayona o Myers señalan que la inesperada pandemia provocó un positivo aceleramiento hacia el turismo sostenible. Aún queda mucho por aprender y muchos desarrollos por incorporar, pero el futuro de este parece claro: quedarse en las manos de quienes están dispuestos a cuidar la vida por encima de todo.

Surfing en Colombia

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