La pandemia del Covid-19 nos ha llevado a preguntarnos por la relación entre los espacios que habitamos y la naturaleza. A propósito de esa reflexión, una selección de 10 proyectos arquitectónicos, algunos ya icónicos y que han servido como referentes, y otros muy recientes que muestran la conexión con el entorno a partir de la sostenibilidad, los materiales e, incluso, las formas. Desde un centro de emprendimiento que imita a los termiteros de la región, en África, hasta una casa que luce como una extensión más del bosque, en Noruega.

Por Juan Molina Moncada

Actuamos como si fuéramos los directores de una orquesta. Como si del movimiento de nuestras manos dependiera la organización del cosmos. Como si fuéramos los autores de la partitura. 

Determinamos que esta calle puede ir allí, por donde antes pasaba un río, o este conjunto residencial por allá, donde antes había un humedal. Porque la ciudad crece y crece. Porque ya somos 10, 15, 20 millones de habitantes. 

No tenemos tiempo para entender del todo lo que pasa en ese humedal. Que la naturaleza funciona como un círculo y que si un elemento, cualquiera, un insecto, ya no está, hay un desequilibrio. Las consecuencias, a veces, no las contemplamos en nuestras partituras. 

Sí, hemos visto mucho sobre la pandemia del Covid-19 en noticieros. Y nos sigue haciendo preguntas: una, por ejemplo, tiene que ver con los espacios que habitamos y cómo estos se relacionan con la naturaleza.

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Más aún cuando, a raíz de la pandemia, se percibe con intensidad el interés por salir de la ciudad y mirar hacia esos lugares “verdes”, “rurales”, a los que nos íbamos a desconectar los fines de semana. Tiene sentido. Sentido total, si pensamos – aunque las modalidades de trabajo están en discusión– en que ya no es necesario ver a jefes o compañeros todos los días, de manera presencial, ni meterse en el tráfico una hora o hasta más llegar a la oficina. 

Sin pensarlo más, suena muy bien. Aunque quizá no tanto si tenemos en cuenta la degradación del planeta. Sin ir más lejos, en febrero de 2021, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) advirtió que los últimos seis años han sido los más cálidos registrados desde 1880. Y proyecta un 20 por ciento de probabilidad de que el aumento de las temperaturas supere temporalmente los 1,5 °C a partir de 2024. El problema, como apuntaba en una de sus sátiras el humorista Andy Borowitz, es que podemos asumir que el cambio climático, por solo hablar de un tema, es un problema solo de los osos polares. 

El panorama nos lleva, entonces, a cuestionarnos como directores de orquesta. “Uno como arquitecto, muchas veces, trata de dirigir la orquesta y en verdad deberíamos ser uno más de un equipo multidisciplinario”, dice Paulina Fernández, profesora de la Universidad de Chile y la Universidad Católica, experta en arquitectura del paisaje y planificación medioambiental. 

Y cuando Paulina habla de un “equipo multidisciplinario”, se refiere a uno en el que no solo estén presentes biólogos o ingenieros. También la fauna y la flora de los lugares que proyectamos habitar, no como decoración, sino con peso en las decisiones. Que incluso nos lleve a revaluar las partituras si hace falta. 

¿Qué lugares queremos habitar? ¿Y cómo? “Mucha gente terminó yéndose de la ciudad porque se dio cuenta de que aquí la calidad de vida era muy baja y se fue al campo. Pero no podemos urbanizar el campo. Se requiere una planeación del territorio mucho más amplia y mucho más seria con respecto de la que teníamos hace algunos años sobre el concepto de lo rural y lo urbano”, indica, por su parte, el arquitecto Carlos Hernández, profesor de la Pontificia Universidad Javeriana. 

Otra pregunta puede ser cómo queremos que sean los lugares que vamos a habitar. Ya que, en teoría, estamos permaneciendo allí más tiempo, lo ideal es que sean lugares que nos transmitan calma. Y sabemos que la naturaleza, las plantas, por ejemplo, son de gran ayuda. 

O bien, qué paisaje queremos ver. Una pregunta adicional, y no menos importante, nos lleva a pensar sobre la ciudad y los espacios públicos. Más en una época de cuarentenas, encierros, toques de queda. “Necesitamos que los espacios públicos no sean pequeños paños sino verdaderos pulmones de la ciudad y que no estén aislados, sino que sean parte de un sistema”, agrega Paulina Fernández. 

La naturaleza y la arquitectura no son dos espacios opuestos, incompatibles. Por eso, en esta edición, esta selección de referentes y ejemplos de proyectos arquitectónicos que encontraron diferentes maneras de relacionarse con la naturaleza. 

Desde edificios que imitan los métodos de construcción de las termitas hasta escuelas construidas únicamente con los materiales disponibles en una isla del Pacífico. No podemos olvidar que, como decía el arquitecto japonés Tadao Ando, nosotros, en realidad, tomamos prestados de la naturaleza los espacios sobre los que construimos. 

Woodnest, Noruega

Se trata de una casa completada en 2020 y construida en un árbol y que da una vista panorámica hacia el fiordo Hardanger, en un pueblo llamado Odda. La construcción de la casa no representó mayor impacto, salvo una pequeña estructura que ayudara a albergar el peso. Hoy es un lugar al que pueden acceder parejas o grupos de amigos, con una capacidad máxima de cuatro personas.

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Treetop Walkway Reino Unido

Un camino sinuoso, en forma de S, que se eleva hasta 13 metros y se extiende por 284, en medio de los árboles del Westonbirt Arboretum, un espacio propiciado por una familia, Holford, en el siglo XIX y que, en el siglo XXI, ha adoptado este carácter singular (el parque se abrió en 2008). El objetivo: propiciar un lugar de descanso y de reflexión en medio de un espacio natural que, además, es reconocido por las autoridades británicas como un parque y jardín de interés histórico especial. 

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Wadden Sea Centre Dinamarca 

Este lugar funciona como un centro de exposiciones para transmitir la historia de una costa creada hace 12.000 años al final del periodo de la glaciación y que es un punto clave para la migración de 15 millones de aves. Con fachadas y cubierta de paja (un material predominante en el sector), el centro de exposiciones abierto, en 2017, se integra al paisaje que lo rodea: “Da la impresión de un edificio que ha emergido del suelo, dibujando un perfil suave, largo y claro contra el horizonte infinito del mar de Wadden”, señala el portal ArchDaily.

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Eastgate Centre Zimbabue

El arquitecto Mick Pearce estaba viendo un documental de televisión sobre las termitas africanas y le sorprendió ver la capacidad de estos insectos para construir sistemas de aire acondicionado que hacen que la temperatura al interior de los montículos sea estable, más allá de si las condiciones climáticas son extremas. Esa experiencia no se quedó como un dato coctelero. De hecho, Pearce la aplicó para construir un edificio, inaugurado en 1996 en la ciudad de Harare, que usa un 90 por ciento menos de energía que el edificio vecino, de un tamaño similar. Todo por un motivo: el Eastgate Centre no requiere de aire acondicionado para mantenerse fresco. 

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Vanuatu School Vanuatu

Los materiales como el bambú y la madera de diferentes árboles locales son los protagonistas en la construcción de esta escuela en Takara, Vanuatu, un estado insular situado al suroriente del Océano Pacífico. Se finalizó en 2012, su diseño implica un ahorro en costos del 50 por ciento y que las comunidades no tengan que depender de la llegada de materiales externos como el concreto.

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Startup Lion Campus Kenia

Otro proyecto de 2021 que, en lugar de darle la espalda a la naturaleza, se inspira en ella para encontrar soluciones. Y, una vez más, quienes dan la solución son las termitas. En este caso, para regular la temperatura en un ambiente muy cálido e impedir que el polvo dañe los equipos tecnológicos. Es importante resaltar que el Lion Campus es un centro de educación e investigación en tecnologías de la comunicación y la información, cuyo objetivo es promover el emprendimiento y la innovación en esta región africana.

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Casas sin huella Costa Rica 

Consiste en un modelo de casa prefabricada que se puede adaptar a diferentes tamaños y entornos. Se inspira en un concepto, denominado “astenible”, lo cual quiere decir que sea asequible y sostenible tanto para individuos como para familias grandes y pequeñas. En la fotografía, un ejemplar de 2018 adaptado al entorno de la costa sur del Pacífico en Costa Rica, en el sector de Bahía Ballena.

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Casa orgánica México 

La esencia de este proyecto, que entre otras cosas se inspiró, en 1984, en la forma de una cáscara de cacahuete, se puede resumir en una frase de su arquitecto, Javier Senosiain: “El hombre no debe desprenderse de sus impulsos primigenios, de su ser biológico”. Ya las imágenes se encargan de responder por qué se llama así. La casa está ubicada en Naucalpan de Juárez.

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Tartu Nature House Estonia

Este sitio se concibió desde 2013 como la mezcla entre una escuela, un zoológico y un jardín botánico. Y aunque fue pensado para niños, sus zonas verdes, en especial el parque, se han convertido en un atractivo para la comunidad.

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Fallingwater House Estados Unidos 

Un señor llamado Edgar Kaufmann le pidió a su amigo, Frank Lloyd Wright, hoy considerado como uno de los precursores de la arquitectura orgánica, que le hiciera una casa con panorámica hacia las cascadas del Bear Run Nature Reserve, en Pensilvania. Wright no le cumplió, pero, en cambio diseñó una casa que se adaptó en 1964 a su entorno natural… y en la que el agua, como si nada, fluye debajo. En la que, en realidad, el agua — ni la naturaleza— dejaron de fluir.

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