18 de octubre de 2023

Para mí, Brigitte es una sorpresa


Brigitte Baptiste rectora de la EAN
Revista Amarilo

“Para mí, Brigitte es una sorpresa”

Brigitte Baptiste, hoy rectora de la EAN, es una de las personas más influyentes de Colombia. Ha sido voz e inspiración para quienes se sienten encarcelados en el cuerpo de alguien más. “En la vida no tienes por qué esperar que pase lo que quieres, sino provocarlo”, dice en esta entrevista.

Por: Margarita Barrero Fandiño

Eterna eminencia en biología, pareja de Adriana Vásquez y papá de Candelaria y Juana Pasión, Brigitte Baptiste profesa transformación. A sus 35 años decidió dejar salir a la mujer que habitaba su imaginación. Se volvió voluptuosa, se tiñó el pelo de colores y nunca suavizó sus facciones ni su voz masculina. Llega a los 60 años fluyendo en un molde queer completamente maleable.

AMARILO: Eres una de las primeras personas que cambió su género en el documento de identidad en Colombia. Era algo que parecía imposible… BRIGITTE BAPTISTE: Logré hacer la escritura de cambio hace más de cinco años, cuando la ley lo permitió, pero aún no la tengo físicamente. En todo caso, la posibilidad de que eso suceda en Colombia es una fortuna y producto de una reflexión profunda desde las Cortes y desde las instituciones que llevan a fondo la reflexión sobre la equidad, los derechos humanos, la libre expresión y la construcción de la personalidad. Colombia es, a veces, un país paradójico: estamos haciendo un esfuerzo para salir del oscurantismo o por lo menos para hacer que la Constitución se cumpla, pero la gente no necesariamente entiende o está dispuesta a poner en práctica los principios constitucionales.

AMARILO: ¿Qué falta?

B.B.: Un cambio cultural. En 1850 se abolió la esclavitud en Colombia a pesar de que Simón Bolívar se había comprometido a ello en 1816. Nos costó 34 años ponerlo en práctica y, a pesar de eso, la igualdad o la equidad con las comunidades afro aún no se consigue. Es decir, la realidad cambia más rápido de lo que la ley está en capacidad de reconocer y analizar.

AMARILO: En una entrevista dijiste que, en una época, tenías guardada, encade- nada, a Brigitte por puro miedo. Parece que hubo un colapso en tu vida.

B.B.: Cuando la trayectoria de algo se hace inviable encuentra un cúmulo de cuestionamientos que la hacen colapsar. Obvia- mente, a los 35 años sufrí ese colapso, que hubiera podido ser un motivo de suicidio. Afortunadamente no sucedió así: fue creativo. Brigitte nació explícitamente porque falleció mi hermana. Era más joven que yo y su ausencia era completamente absurda. Me di cuenta de que en la vida no tienes por qué esperar que pasen las cosas que quieres, sino que hay que provocarlas.

Mi primer matrimonio ya no funcionaba. Estaba en el proceso de separación y no era por temas de género, sino porque la relación no funcionaba; vivía también en un momento de retos laborales y de cuestionarme lo que hacía. Todo hizo que Brigitte dijera: “Pues, venga le ayudo; deme el timón del barco y miremos a ver si sobrevivimos”. No lo busqué, llegó todo al tiempo. En la vida hay muchas cosas que se cruzan continuamente, que van más rápido de lo que logramos controlar. La transformación es un proceso al que estamos obligados a dejar que suceda, porque el cambio es inexorable, y si no sabemos navegarlo, el colapso podría ser cada vez más crítico.

AMARILO: A partir de la ecología queer, que hace parte de tu discurso desde 2018 y plantea la naturaleza como un espacio abierto de transgresión, ¿qué es la evolución?

B.B.: Es la capacidad de experimentar. La persistencia de la humanidad, la construcción de bienestar y la definición del homo sapiens del futuro están construidas sobre esa autonomía profunda de experimentar con nosotros mismos, que es la que ha estado restringida por las religiones y los proyectos ideológicos y culturales autoritarios. Por eso me gusta tanto Michel Foucault, quien identifica el problema de la disciplina social como el problema funda- mental del ser humano: la disciplina versus la libertad.

Creo que la evolución de los seres humanos está absolutamente asocia- da con el ejercicio pleno de la libertad.

AMARILO: ¿Qué tienen que ver el metaverso y la inteligencia artificial con la transformación y el género?

B.B.: Son herramientas fundamentales de la experimentación de lo humano y van a ser muy liberadoras. Nos sentimos un poquito amenazados porque van a cambiar completamente la concepción de lo humano. Me parece interesante nuestro nuevo lugar en el universo, que vamos a ir construyendo. Po- demos simular mil cosas, experimentar en términos de nuestra identidad, de nuestros talentos, “experimentar nuestras más bajas pasiones y nuestros más sublimes deseos”, como dice Les Luthiers, sin los efectos mate- riales que ello puede traer en este mundo.

AMARILO: ¿Crees que se podrá hablar de la era queer, así como se habla de la era tecnológica?

B.B.: Eso está muy bonito, no se me había ocurrido. Progresivamente lo estamos viviendo, en la medida en la que el género cambió completamente de sentido. Tener género es una alternativa. Cada vez hay más personas que dicen “no, a mí póngame sin género”. En la cédula existe la tercera categoría: no binario. Allí radica la posibilidad de una era queer bonita en la que las personas realmente podamos utilizar la riqueza histórica de la categoría de género para ejercicios creativos de lo humano en los próximos años.

AMARILO: El día que llegue un extraterrestre a tu puerta, ¿qué pregunta le harías?

B.B.: Lo he pensado porque en la Política de Diversidades e Inclusión de la universidad (EAN) uso esa idea continuamente. Tenemos que estar listos siempre para que llegue el extraterrestre y diga “quiero estudiar antropología, quiero estudiar negocios”. ¿Qué le voy a decir? ¿Que no estamos listos? Lo hemos hecho. Le hemos dicho a las personas sordas y ciegas “qué pena, la universidad no está lista y no las puede recibir”, un ejercicio de discriminación inaceptable.
Lo primero siempre sería tratar de no parecer amenazante, sino de abrir la puerta. El contacto o la comunicación entre seres vivos es muy instintiva y sensual, por eso pensaría que la mejor manera de acoger al extraterrestre sería llevármelo a la cama, porque tiene que ser un ejercicio muy genuino, espontáneo y cuidadoso. La primera impresión frente al extraterrestre va a ser un juicio estético, entonces lo que uno esperaría es no reaccionar con base en prejuicios.

AMARILO: Sobre la elección de cambiar tu nombre en homenaje a Brigitte Bardot, de enamorarte de Adriana Vásquez y de crear una familia con dos hijas y tres gatos. ¿Cómo logras esa vida ideal y, al mismo tiempo, excepcional?

B.B.: En este caso a la que le tocó abrirle la puerta al extraterrestre fue a Adriana. Cuando le dije “bueno, tienes que saber que me estoy transformando en Brigitte, ya tomé esta decisión”, ella me miró a los ojos y respondió: “No, pues, yo también me estoy transformando; en las noches de luna llena me convierto al budismo…”. Entendí perfectamente que la noción de transformación no es un proceso planificado de exclusión de los demás, sobre todo de antagonismo, sino un ejercicio en el que cada día se va tejiendo la relación y va uno viendo si pelecha o no.

AMARILO: Hemos hablado de metamorfosis, ¿qué papel juega la coherencia en este proceso?

B.B.: La coherencia es de principios y hay que irla evaluando a medida que se produce la transformación porque ese proceso está lleno de sorpresas, de imprevistos. Eso nos da duro a los seres humanos. De hecho, así funciona la evolución: es un proceso de mutaciones que no es coherente biológicamente hablando, sino no tendríamos esa disparidad tan increíble de seres vivos. ¿Qué tiene que ver un pájaro con una cucaracha? Sí, hay analogías, hay filogenias, pero ¿cómo es que se produjo la diversidad del mundo? Por mutaciones y sorpresas, y eso no hace incoherente a la evolución porque los principios son los que están operando.
Me encantan las sorpresas. Espero, por supuesto, que sean positivas, pero todas implican la necesidad de reevaluar el modo en que se afrontan las cosas. Y puede ser algo muy liberador e inspirador. Para mí, Brigitte es una sorpresa.

La Brigitte que nació a mis 35 años no tiene nada que ver con una que hubiese planeado durante mi vida anterior; y la Brigitte que tienes al frente, no se pare- ce en nada a la que seguramente estaba planeando hace un año –aunque ya yo no me planeo–. Fui directora de manera sorpresiva, fui rectora de esta universidad (EAN) de manera sorpresiva; espero que la próxima vez que pase algo sea igual de positivo, igual de sorprendente.

Consulta más en la Revista Amarilo Ed. 74

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