Oír el mundo para entenderlo (y disfrutarlo)

En un mundo regido por el video, el formato del pódcast se ha convertido en un oasis del sonido. ¿Qué hay detrás de este fenómeno que ya tiene 640 millones de escuchas y 3 millones de shows en el planeta? Aquí te recomendamos cinco programas para que empieces a consumirlo, si es que nunca lo has hecho, y cinco para quienes ya lo conocen.
Por: Laura Marín Castañeda
Cerca de 640 millones de personas escuchan pódcast en todo el mundo. En medio de rutinas cada vez más agitadas, los seguidores de este formato le dedican, en promedio, una hora de su jornada diaria, según el portal alemán Statista. La gama de opciones es diversa: poco más de 3 millones de shows con sus 174 millones de capítulos coexisten en el universo digital, de acuerdo a Listen Notes, un motor de búsqueda online especializado. Por su parte, el mercado mundial de la industria no deja de crecer: en 2021 rondaba los 14.000 millones de dólares y se prevé que alcanzará los 153.000 millones para 2030.
“Estamos en plena montaña rusa de la tendencia del pódcast: una época en la que aún es novedoso, atractivo, diferente y sigue creciendo como un bicho extraño que despierta la curiosidad”, dice Santiago Cortés, director Comercial y cofundador de Naranja Media, una de las agencias de pódcast más grandes de Latinoamérica.
Dos momentos dispararon el boom en la producción de pódcast, un término que nació en la primera dé- cada del milenio en Estados Unidos y que designa contenidos de audio que pueden escucharse a través de Internet. El primer hito llegó en 2019: “Cuando Spotify entró al juego, cambió el panorama. Antes, tenías que explicar qué era un pódcast y, después, dar instrucciones para escucharlo. A Spotify le siguieron otras aplicaciones como Deezer, algo que aumentó exponencialmente el acceso al contenido”, explica Daniela Arias, cofundadora y directora de Marketing de Naranja Media.
Un año más tarde, vino la pandemia: “Hubo un antes y un después porque el pódcast se puede producir remotamente con un menor costo, y eso llevó a agencias de publicidad, productores de cine y radios comunitarias a moverse hacia este formato. Además, mucha gente empezó a crear pódcast conversacionales porque se daba la gratificación instantánea de hablar de lo que se quería con quien se quería, y se ponía al aire”, asegura Laura Ubaté, productora, host y creadora de la comunidad Café Podcastero. Un formato cargado de intención De cara a las audiencias, las bondades inherentes al audio han potenciado el consumo del pódcast. “Hoy hay un gran flujo de información visual, porque todo el tiempo estamos frente a una pantalla, y tener la posibilidad de no utilizar los ojos para aprender y entretenerse es algo maravilloso”, dice Juan David Naranjo, periodista y líder de comunidades de Radio Ambulante Estudios, una productora de la Radio Pública Nacional de Estados Unidos (NPR), con 12 años de experiencia. “Ya casi no hay control sobre qué consumimos, nos dejamos llevar por las sugerencias del algoritmo como zombies. En un mundo en el que somos tan poco dueños de nuestro consumo, el pódcast está cargado de intención: tienes que saber qué quieres consumir y por qué; si necesitas algo para vender mejor, para sentirte mejor persona, para conectarte con tu salud mental… Los oyentes tienen mucha autonomía sobre qué escuchan, y por eso lo valoran tanto”, agrega Arias.
Sin embargo, la intencionalidad de los pódcast va más allá de saber qué oír. Se trata, también, de darle un propósito mayor a momentos que, en la vida cotidiana, no suelen tenerlo: transportarse, cocinar o hacer ejercicio. Acciones que sostienen nuestra rutina, pero que habitualmente se realizan por inercia, en una suerte de piloto automático, y que se cargan de un significado más profundo gracias a la imaginación que despierta el formato.
“La gente escucha y se teletransporta a una realidad en la que las reglas de la atención son otras porque el audio es el medio más visual. Una imagen que tú mismo produces en tu cerebro por el estímulo auditivo tiene una retención mucho más alta que las imágenes procesadas de estímulos visuales directos, como un video de YouTube o un reel de Instagram, porque el cerebro se esfuerza en hacer toda la conexión e imaginar lo que oye”, explica Cortés. Por otro lado, los pódcast transforman la manera en la que escuchamos.
–Enriquece, como dice Daniela Arias, “nuestra percepción sonora del mundo”– y esto implica crear nuevos horizontes de entendimiento: “Al escuchar otras voces y perspectivas, quien se sumerge en este formato amplía su visión del mundo y se sale de la caja de resonancia de conocer siempre las mismas opiniones. Así se construyen sociedades más tolerantes y democráticas”, afirma el líder de comunidades de Radio Ambulante.
Naturalmente, la pregunta por el futuro siempre es una indagación sobre lo incierto. Aún así, todos coinciden: lo que viene para el pódcast es el asentamiento de la industria, un periodo de maduración con más estabilidad, en el que la oferta se decante por priorizar la calidad sobre la cantidad del contenido. “Necesitamos concentrar los esfuerzos en lograr calidad para posicionarnos como grandes referentes”, concluye Laura Ubaté.
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