Ciudades soñadas, ciudades reales

Por: Cristina Esguerra
Foto: Daniel Reina
Los megaproyectos urbanísticos deben tejer lazos y tender puentes entre los habitantes y su entorno, así lo ha entendido la constructora Amarilo en cada uno de sus desarrollos. ¿Por qué han sido tan ejemplares? En este texto te lo explicamos.
El arquitecto y urbanista Camilo Santamaría piensa las ciudades como lugares de encuentro, como cruces de caminos en los que comienzan a surgir el comercio y a crecer la economía. Por eso no sorprende que su diseño de Ciudad Verde, en Soacha, el primero de los grandes proyectos de ‘Ciudad dentro de la ciudad’ desarrollados por la constructora Amarilo, tuviera como punto de partida los espacios públicos. Para llevarlo a cabo, Santamaría tomó varios elementos que le gustaban del urbanismo bogotano. Inspirado en el Park Way y en El Virrey, creó parques alargados que recorren la megaobra soachuna de un extremo a otro.
“Con este diseño los parques benefician varias manzanas”, explica. El arquitecto propuso construir andenes amplios y ciclorrutas para que la gente viajara por la ciudad a pie, o en bicicleta, entre las zonas verdes; y planeó que los colegios fueran erigidos frente a los parques y así los niños tuvieran una zona de juegos cercana. Además, conectó las principales avenidas de Ciudad Verde con las de Bogotá y Soacha, y dejó espacios para la construcción de estaciones de Transmilenio. También sugirió que los edificios fueran de estilo europeo y que su elevación no superará los seis pisos. De esta manera, el horizonte se amplía y se evitan grandes sombras.
Como este enorme proyecto estaba planeado para albergar a cerca de 150.000 habitantes, más o menos los mismos que viven en el municipio de Zipaquirá, trazó tres plazas principales siguiendo el patrón de las ciudades españolas. Así evitó que hubiera un único centro que se congestionara en horas pico. Asignó zonas específicas para el comercio, la construcción de instituciones educativas, centros de salud y equipamientos recreativos. Por último, dejó el diseño de cada conjunto residencial, que son habitados por personas de estratos 1, 2 y 3, en manos de las ocho constructoras que participaron en la megaobra. Él trabajó en uno de ellos, y propuso, entre otras buenas ideas, construir un edificio de parqueaderos para aumentar las zonas verdes.
Doce años después, gracias al trabajo liderado por Amarilo para acercar a los sectores público y privado, los planos y los trazos de Santamaría son una ciudad que se ha convertido en referente de buen urbanismo.
1. Comparaciones Inevitables
El diseño de Ciudad Verde contrasta con el de la localidad vecina de Bosa, ubicada en el suroccidente de Bogotá. Una fotografía aérea de esta última deja ver cómo su desarrollo se hizo lote por lote, sin orden ni visión de futuro, pensando únicamente en suplir las necesidades de vivienda de miles de personas, a medida que la población del distrito crecía. Las calles son angostas, los andenes estrechos y las zonas verdes escasas. “Luego hay que llevar servicios públicos, construir colegios y eso, como no se pensó desde el principio, sale mucho más costoso”, explica Santamaría. Y agrega: “El 60 por ciento de la capital del país está constituido por barrios informales”.
En 1997 se expidió en Colombia la Ley 388, que establece las bases para el ordenamiento territorial y les da a las autoridades locales y regionales las herramientas para planear el desarrollo del suelo. Con ella aparece la figura del POT (Plan de Ordenamiento Territorial), un importante instrumento de planeación urbana; se promueven el desarrollo sostenible y la gestión integral del territorio, y se propicia el diseño de megaobras como Ciudad Verde.
Estos proyectos de gran envergadura llamaron la atención de Amarilo en 2011, cuando la constructora comenzó a darle vida a su concepto de ‘Ciudad dentro de la ciudad’, siempre buscando una sinergia entre lo público y lo privado. El primero que realizó fue el de Soacha, que contó con 52.300 viviendas, y desde entonces ha construido siete más, los más grandes tienen entre 24.000 y 22.000 viviendas, y los más pequeños alrededor de 4.000. En 2023, la compañía participará en el desarrollo de Lagos de Torca, planteado por la alcaldía de Enrique Peñalosa en la autopista norte de Bogotá. El proyecto de 130.000 viviendas habrá de cambiar la cara de esta zona de la capital, al construirse una ciudad ordenada e incluyente, que restablezca el vínculo con la naturaleza.
2. Pedagogías Transformadoras
Cuando Óscar Castañeda firmó los papeles de compra de lo que se convertiría en su hogar, más de la mitad del proyecto de Ciudad Verde era tan solo un conjunto de lotes. Doce años después se hizo realidad: “El servicio de transporte público se integró a la obra, se inauguraron un hospital y un centro de rehabilitación integral, seis colegios abrieron sus puertas, se construyó un CAI y la actividad comercial tuvo un aumento significativo”, cuenta el profesor de Formación Educativa de la Universidad de La Guajira. Sin embargo, aún quedan rastros de esos años de desarrollo. “Estamos recuperando el espacio público que ocuparon indebidamente los vendedores ambulantes, cuando el comercio de Ciudad Verde no suplían las necesidades de la población”, explica.
Esa es una de las múltiples batallas que Castañeda, gerente de la agrupación social Ciudad Verde, libra de la mano de Amarilo, para mantener el orden y la armonía de la ciudad. Desde su inicio, la compañía impulsó la creación de agrupaciones sociales, pues sabía que el éxito de estos proyectos dependía, en buena medida, de que se construyera comunidad y que los habitantes conocieran a profundidad sus derechos y deberes como ciudadanos. Los socios de las agrupaciones son los dueños de las viviendas, quienes, con el apoyo de la constructora, financian la organización.
El profesor Castañeda ha creído en la magia de la educación disruptiva que es capaz de cambiar la relación de las personas con el espacio. En las zonas más conflictivas de Ciudad Verde consiguió que se instalarán minibibliotecas y con ellas logró disminuir el vandalismo. En 2018 inventó baños para mascotas con el fin de enseñarles a sus dueños a recoger las heces de sus mejores amigos. Los resultados de esta buena pedagogía fueron notorios durante las protestas sociales de 2021. “Mientras en las noticias veíamos que en Soacha se libraba una batalla campal, aquí no pasó nada”, explica Castañeda, y destaca el cariño de los habitantes del sector por sus viviendas: “La gente de acá siente que llegó a su casa desde que ve el letrero de Ciudad Verde”.
3. Ideas Básicas
La política colombiana se puede cambiar con buen urbanismo, asegura el arquitecto y urbanista Rafael Obregón, quien lideró el desarrollo de Ciudad Salitre en la década de los ochenta y asesora al equipo de Amarilo en la planeación de sus grandes proyectos. “La gente aprende el valor del espacio público cuando al subir las cortinas de su residencia puede ver, del otro lado de la ventana, un apacible entorno natural. Si los habitantes de Ciudad Verde, de Hacienda Casablanca y de los demás proyectos de ciudad impulsados por Amarilo se registran en sus localidades y logran posicionar dos o tres concejales que conozcan sus realidades, podrán hacer respetar su espacio público y cuidar de la naturaleza; de eso estoy seguro”.
Respaldado por todos sus años de experiencia como urbanista, Obregón afirma que son tres, principalmente, los conceptos a tener en cuenta para construir exitosos proyectos de ciudad. Uno: el desarrollo urbano gana cuando se diseñan grandes terrenos. “Si se cuenta tan solo con cuatro manzanas, los cumplimientos de la norma se vuelven residuales. El 17 por ciento de ellas no es suficiente para crear un parque.
En cambio, cuando se diseñan 100 hectáreas sí se nota la diferencia”. Dos: una ciudad, al igual que una obra de teatro, requiere de buenos actores y un buen escenario. Por eso hay que estimular entre los ciudadanos un sentido de pertenencia y diseñar urbes bien pensadas, con espacios que congreguen a la comunidad y sean un punto de referencia y motivo de orgullo. Amarilo, por ejemplo, lo consiguió al construir el centro de entrenamiento de la selección colombiana de fútbol en su proyecto Alameda del Río, en Barranquilla.
Tres: las urbanizaciones en las que conviven personas de distintos contextos sociales tienen el potencial de tejer lazos comunitarios e impulsar económicamente a los ciudadanos. “En Ciudad Salitre construí 1.300 apartamentos de interés social, iguales a los de Ciudad Tunal, al sur de Bogotá. Hoy, por razones del mérito del concepto de mezcla de ingresos, valen tres veces más”, puntualiza Obregón.
4. Tender una mano
El día que Elizabeth Cartagena entró por primera vez al megaproyecto Parque Heredia, al sur de La Heroica, le sintió aire de ciudad. Le encantaron las zonas verdes, las vías amplias, las ciclorrutas y los senderos peatonales. “Nos mudamos en 2019. Nuestro apartamento tiene 58 metros cuadrados, pero parece más grande por el manejo que los arquitectos le dieron al espacio”, dice. Ella, al igual que lo hace el profesor Castañeda en Bogotá, lidera la agrupación social de la ciudad. El segundo llegó a este cargo por sugerencia de sus vecinos, y Elizabeth se postuló al ver una publicidad en la entrada del conjunto.
Se inscribió en las capacitaciones de gestión social que ofrecía Amarilo. Esta ingeniera financiera estaba muy interesada en aprender sobre proyectos sociales. Después de graduarse comenzó a trabajar como asistente de gerencia de este colectivo y en junio de 2020 asumió su liderazgo.
Se siente muy orgullosa de su labor, por la que ha ganado reconocimientos más allá de Parque Heredia. “Los vecinos de otras comunidades me dicen que quieren una líder como yo”, cuenta sonriendo. Ella trabaja duro para resolver los problemas principales de su sector. Ha logrado, por ejemplo, que las autoridades de tránsito cartageneras pusieran un semáforo en la entrada del conjunto para agilizar la salida a la diagonal 32, pero también se ha preocupado por el bienestar de los vecinos.
“Alrededor de nuestras casas hay barrios deprimidos donde viven personas desplazadas y estigmatizadas por la sociedad. Yo comencé a crear vínculos con ellos. Hemos realizado campañas de limpieza oral para sus niños. En Navidad les llevamos regalos y cantamos y bailamos juntos. En Parque Heredia vivimos en un entorno privilegiado que ellos no tienen. Nosotros les tendemos una mano, y su gente nos cuida cuando ve que alguien de su zona planea algún atraco”, dice Elizabeth Cartagena.
Consulta más en la Revista Amarilo Ed. 73
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