Germán Samper Gnecco, un grande de la arquitectura

Germán Samper Gnecco fue una de las figuras más sobresalientes de la arquitectura colombiana del siglo XX. Este es un repaso por la vida y obra del arquitecto bogotano, que falleció el pasado 22 de mayo, a los 95 años.

“Les habla el arquitecto Germán Samper Gnecco. Tengo la edad de retirarme, pero no quiero hacerlo porque tengo muchas cosas que decir”. Con esas frases inauguró en octubre de 2018 A otro tempo, su canal de YouTube, el autor de construcciones tan insignes como el Edificio Coltejer, en Medellín; el Museo del Oro, la Biblioteca Luis Ángel Arango y la Ciudadela Colsubsidio, en Bogotá, y el Centro de Convenciones de Cartagena, entre muchas otras. En ese momento tenía 94 años.

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El arquitecto, nacido en la capital el 18 de abril de 1924, trabajó en su canal durante los últimos ocho meses de su vida con el mismo entusiasmo y la dedicación que les imprimió a todos sus proyectos desde que se graduó de la Universidad Nacional, en 1947.

La idea de incursionar en YouTube fue de su nieta Manuela Neu Samper. Últimamente, su abuelo había perdido la vista considerablemente, pero seguía activo y lleno de ganas de trabajar, aunque ya no podía leer, escribir ni dibujar. Aún queda por emitir la tercera parte de los videos que alcanzaron a grabar con algunos de sus mejores testimonios y anécdotas sobre su vida profesional y personal.

Los aportes de Germán Samper a la arquitectura colombiana

Una etapa decisiva en su formación como arquitecto fueron los cinco años que trabajó en el estudio de Le Corbusier, en París, entre 1948 y 1953. Allí no solo participó en proyectos como el Plan Piloto de Bogotá y el plano urbanístico de Chandigarh, India. También forjó una gran amistad con el arquitecto indio Balkrishna Doshi, ganador del Premio Pritzker en 2018.

Poco después de su regreso a Colombia entró a formar parte de la firma Esguerra Sáenz Urdaneta Suárez. Luego, esta cambiaría su nombre por Esguerra Sáenz Urdaneta Samper y en 1976, por Esguerra Sáenz y Samper. Su productiva trayectoria en esas compañías estuvo marcada por obras tan importantes como las que se mencionan al comienzo del artículo. A ellas se suman los edificios del Banco Central Hipotecario, de Avianca y del periódico El Tiempo, en Bogotá, solo por nombrar unas cuantas.

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No obstante, uno de los más grandes intereses de Samper Gnecco fueron los proyectos concebidos para darle a un gran número de personas la posibilidad de vivir con calidad. Su hija Ximena Samper, también arquitecta y con quien fundó el estudio GX Samper Arquitectos en 1995, considera que la mayor enseñanza que le dejó su padre a ella, a la arquitectura y al país “es que la vivienda entendida de manera integral y vista desde sus distintos ámbitos es un vehículo de transformación y mejoramiento. Él se consideraba un viviendista”.

Ximena Samper destaca que su papá tenía claro que “hacer  vivienda o trabajar en el  hábitat es algo que no solo le concierne al arquitecto, su desarrollo debe involucrar distintos profesionales e incluso a los habitantes. Es la manera de crear espacios arquitectónicos y urbanos que produzcan proyectos y pedazos de ciudad donde la gente tenga la calidad de vida que se merece para ser feliz. Esa debe ser la finalidad del proceso: el ser humano, su transformación, su presente y su futuro”.

Vivienda digna para todos

El premio que otorga la categoría Hábitat y Vivienda Colectiva de la Bienal Colombiana de Arquitectura lleva el nombre de Germán Samper Gnecco como reconocimiento a sus importantes aportes en este campo. Además, Samper, como presidente de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, fue el gestor de la bienal, en 1962.

Uno de sus proyectos urbanísticos más sobresalientes fue la Ciudadela Colsubsidio (1983), en Bogotá. “Fue el producto de la aplicación de años de trabajo, de evolución de conceptos, de aciertos y errores en ese proceso que logró concretarse en un proyecto de más de 15 mil viviendas y más de 120 hectáreas. Allí la gente vive feliz, hasta el punto que se ha unido para ver si la pueden declarar patrimonio”, explica la arquitecta Ximena Samper.

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Otra de sus obras destacadas fue el barrio La Fragua, en Bogotá, un proyecto pionero de vivienda popular, creado en 1958 y promovido por su esposa, Yolanda Martínez de Samper. Fue el primero del país que se desarrolló con el sistema de autoconstrucción o esfuerzo propio y ayuda mutua. Un conjunto con calles peatonales, donde cada vivienda tenía dos entradas independientes, una para el hogar y otra para habilitar un lugar de trabajo.

El último proyecto en el que Samper Gnecco participó fue, justamente, una obra de vivienda de interés social para el municipio de Tenjo, Cundinamarca. “Un proyecto en el que aplicamos una nueva tipología de edificio, cuya escala es de cuatro pisos, en la que se conforman patios y recintos urbanos que generan diversidad. Está en proceso de gestión y esperamos que se realice una vez se superen las etapas legales y administrativas”, explica la arquitecta Samper.

Pasión por el dibujo

De sus años en el estudio de Le Corbusier, Germán Samper aprendió la importancia de dibujar cada obra o monumento del pasado o el presente que le impactaba.

“Su principal legado, del que él estaba más orgulloso, y al que le dedicó sus últimos años en conferencias, escritos y libros, fueron sus croquis de viaje. Durante setenta años dibujó por el mundo entero. Nunca regaló un original. Cuidó sus dibujos de manera metódica y organizada, los numeró y, con la ayuda de mi hermana Catalina, hoy tenemos más de 5.000 dibujos digitalizados, contenidos en trece volúmenes”, cuenta su hija Ximena.

“En sus últimas conferencias logró convocar, en auditorios atiborrados, a jóvenes profesores y estudiantes para que retomaran el dibujo como parte de la vida y el ejercicio profesional. Los arquitectos deben ver el mundo desde un cuaderno, con un lápiz y dibujos que conecten su corazón con la mente y los haga mejores profesionales”, concluye la arquitecta.

 

Para Germán Samper, su obra favorita era la sala de conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango por su diseño, escala y acústica. No en vano se considera patrimonio nacional, explica la arquitecta Ximena Samper.

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