El Premio Pritzker 2021, considerado el ‘Nobel’ de la arquitectura, ha sido otorgado a Anne Lacaton y Jean Philippe Vassal, quienes han transformado casas y edificios multifamiliares e industriales. En esta entrevista, la arquitecta Carolina Blanco, profesora de la Universidad de los Andes en Colombia, analiza el valor y los aprendizajes de la obra de Lacaton y Vassal.

Carolina Blanco, profesora de la Universidad de los Andes, es arquitecta de la Universidad Nacional de Colombia, magíster en ingeniería socioambiental y PhD en arquitectura y diseño estructural de la Universidad de Hokkaid?, en Japón. Investiga temas como la vivienda subsidiada, pedagogías del hábitat y de lo público, los contextos escolares y los ‘espacios no reclamados’ en Bogotá.

Anne Lacaton y Jean Philippe Vassal coinciden en aprovechar lo existente y valorar el espacio y la comunidad. Como lo dice ella, “demoler es una decisión fácil y cortoplacista”, un desperdicio que ha calificado, incluso, como un acto de violencia. ¿Qué opinas de esta perspectiva en un contexto en el que demoler, y no transformar, suele hacerse muchas veces?

Comparto y aplaudo el rechazo a la demolición irreflexiva, que en muchos casos no considera como alternativa el transformar. En muchos campos, de la vida y del trabajo, suele ser más fácil destruir o ignorar lo que existe para sobreponer algo nuevo, desperdiciando beneficios y conexiones sociales, físicas y espaciales muy valiosas. Insisto en la palabra irreflexiva, porque ciertamente hay cuestiones estructurales que pueden hacer inviable la transformación, pero creería que, en la mayoría de los casos, suele haber oportunidades de aprovechar parcialmente la preexistencia, de ser capaces de idear opciones que sumen y no que resten.

Esa es precisamente la tesis que, junto con Fréderic Druot, los ahora considerados los mejores arquitectos del mundo, plantearon en su libro Plus: La vivienda colectiva. Territorio de excepción ,hace más de una década y que han aplicado de manera práctica.

¿Consideras que el trabajo de los ganadores del Premio Pritzker 2021 es una respuesta apropiada al tipo de relaciones, interacciones y apropiaciones que hacemos en los lugares que habitamos?

Hay algo en el trabajo de Lacaton y Vassal que resulta fascinante y aleccionador en tiempos de crisis y reflexión disciplinar, pero que también incluye un examen personal y colectivo sobre las relaciones, interacciones y apropiaciones que mencionas en la pregunta y que yo sintetizaría en dos palabras fundamentales: observación y respeto. La arquitectura siempre observa el entorno, el clima, el contexto y la sociedad en la que se implanta para poder aportar con su obra. Los mejores arquitectos del mundo siempre sabrán observar. La cuestión del respeto suele ser un poco menos implícita, ya que hay cierta valía y hasta admiración en la idea del lienzo en blanco (lo cual es, por cierto, una falsa ilusión para la arquitectura. Siempre construimos sobre preexistencias).

Esa sensación de grandeza que produce el construir de cero, a partir de un trazo para darle vida al espacio proyectado. Podríamos decir que es lo que se espera de nosotros: ver lo que todavía no está. Sin embargo, la obra de Lacaton y Vassal genera edificios con la misma maestría de los grandes proyectistas, pero a partir de lo que ya está. Tiene en cuenta los aspectos tangibles e intangibles presentes antes de cualquier intervención en el lugar, lo cual resulta para mí una aproximación ética y humilde del oficio que se premia y envía mensajes muy pertinentes para la profesión.

Grand Parc Bordeaux

En Burdeos, particularmente, ellos transformaron tres bloques multifamiliares, con 530 unidades, dándole una ‘apertura’ radical a los espacios. Donde sus habitantes veían poco de la ciudad, ahora tienen más espacio, mucha luz y una vista y una perspectiva, justamente, hacia la ciudad desde su espacio íntimo. Fue, quizá, una metamorfosis desde el interior hacia el exterior. ¿Cómo ves ese tipo de trabajo para viviendas masivas?

El ejemplo de Grand Parc Bordeaux que realizaron junto a Frédéric Druot y Christophe Hutin es sencillamente brillante y es un manifiesto contundente sobre las demoliciones que han tenido que enfrentar varias ciudades europeas, cuyo reto de postguerra era proveer masivamente de vivienda a tantos hogares que lo requerían urgentemente, sacrificando aspectos de calidad, área y flexibilidad.

En este proyecto, los arquitectos plantean una extensión ligera a la estructura original, con lo que consiguen no solo la ampliación del espacio residencial, sino que mejoran el confort térmico de las viviendas y logran que el tejido social de las familias no se vea alterado por procesos de reubicación ni de gentrificación, al mantener precios similares con mejores condiciones habitacionales. Efectivamente logran transformar el interior, impactando positivamente el exterior sin elevar los costos para 530 hogares. Esto representa un logro y un ejemplo para varias ciudades que mantienen el dilema de la demolición. Lo anterior  les mereció el premio de la Unión Europea de Arquitectura Contemporánea – Mies van der Rohe 2019.

Parece mucho más importante, en el trabajo de estos arquitectos, la propuesta que la forma ¿qué te dice eso a ti hoy, cuando (por favor corrígeme si me equivoco) parecemos entregarnos tanto, justamente, a la forma?

Habernos entregado a la forma, a ese “ocularcentrismo” que tanto ha criticado David Michael Levin en sus textos ha afectado negativamente a la arquitectura al convertirla en fuente de objetos que pueden ser atractivos, pero desconectados de la realidad y la sensibilidad humana. Juhani Pallasmaa explica de manera magistral en su libro Los ojos de la piel cómo esta fijación ha redundado en negligencia del cuerpo y los sentidos. En palabras de Pallasmaa, “el dominio del ojo y la eliminación del resto de los sentidos tienden a empujarnos hacia el distanciamiento, el aislamiento y la exterioridad”.

El Premio Pritzker 2021 acierta, creo yo, al hacer un llamado por reencausar esfuerzos, en lograr propuestas que atiendan el bienestar de las personas desde las necesidades básicas de sus residentes y visitantes, a partir de un examen juicioso sobre la manera en que vivimos. No creo que la forma sea secundaria en la obra de Lacaton y Vassal, sino que precisamente es el resultado de la serenidad que emana su sencillez y de la ausencia de pretensiones y espectacularidad.

El pasado jueves 22 de abril, Martha Thorne (directora ejecutiva del Premio Pritzker de Arquitectura desde 2005) en una de las ediciones de Señales de la facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad de los Andes, nos recordaba una de las particularidades del premio y es el reconocer el propósito detrás de toda una vida y obra en la profesión. En el caso de esta pareja de arquitectos se hace evidente la coherencia, la responsabilidad social y ambiental en su trabajo como parte de un propósito que, ojalá, resulte ejemplar para las y los arquitectos más jóvenes.

Para un contexto como el nuestro, en Latinoamérica y, particularmente, en Colombia, ¿qué aprendizajes se pueden tener de este tipo de intervenciones y trabajos como los de Lacaton y Vassal?

Al explorar la obra de Anne Lacaton y Jean Philippe Vassal se encuentra una particularidad que impactó su ejercicio profesional y fue su paso por Níger, ya que las soluciones arquitectónicas que encontraron resultaban de la creatividad y las restricciones económicas en un país con escasos recursos. Por otro lado, gran parte de su obra se ha desarrollado en Europa, claramente, con una capacidad adquisitiva mucho mayor y, sin embargo, la sencillez y el interés por la sostenibilidad se han mantenido como su sello profesional.

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