Un homenaje de breves palabras y grandes imágenes, a las dos recientes ganadoras del Premio Pritzker, el más importante del mundo de la arquitectura. Un artículo con mucha luz natural, jardines en cascada, losas de terracota y techos ondulantes.

 

Este año, las arquitectas y educadoras irlandesas Yvonne Farrell (69 años) y Shelley McNamara (68), fundadoras de la firma Grafton Architects, recibieron el Premio Pritzker. El prestigioso galardón, que fue creado por la familia Pritzker en 1979, y lo concede su fundación Hyatt, se entrega anualmente para “honrar a los arquitectos vivos cuyo trabajo demuestre talento, visión y compromiso”. Y solo lo reciben un puñado de creadores, aquellos que con sus obras hayan hecho “contribuciones constantes y significaticas a la humanidad, y al entorno construido”.

 

Ese es el caso de Farrell y McNamara, quienes se conocieron a principios de los años setenta en la University College Dublin (UCD), fundaron su propio estudio en 1978 y desde entonces trabajan juntas. En estas cuatro décadas han creado espacios novedosos que honran la historia y la particularidad de cada contexto, y en los que se demuestra su profundo conocimiento del ambiente urbano y de la artesanía de la construcción.

 

Sus edificios cuentan con un balance único entre la fuerza y la delicadeza, y son el refugio de espacios académicos, cívicos y culturales, modernos e impactantes. Podríamos escribir extensas líneas sobre la trayectoría de las dos arquitectas, sobre los premios que han recibido o los texos analíticos a propósito de sus creaciones, pero creemos que la mejor forma de rendirles un homenaje es contemplando cinco de sus obras más valiosas. Se las presentamos en estas páginas. Justo en este instante, empieza el recorrido.

 

1–Campus Universidad de Ingeniería y Tecnología (UTEC) Lima, Perú

Finalizado en 2015

 

En la capital peruana, entre las congestionadas Avenidas Almirante Grau y Paseo de la República, se encuentra el nuevo campus de la UTEC. Este enorme edificio de hormigón, que se edificó entre 2011 y 2015, cuenta con 35.000 metros cuadrados de área construida y 43 metros de altura. En 2016 recibió el primer Premio Internacional del Instituto Real de Arquitectos Británicos (RIBA).

 

Durante la inauguración de la obra, Shelley McNamara explicó: “No concebimos los edificios como objetos aislados, siempre los construimos como si se tratara de una ‘nueva geografía’, una infraestructura para la vida”. En esta ocasión el diseño se pensó como un “nuevo acantilado”, tomando como referencia e inspiración la geografía de la zona y la particular relación de la ciudad con el océano Pacífico y las montañas de los Andes.

 

El lado sur del edificio se abre a la ciudad y a la transformación urbana a través de jardines en cascada y espacios abiertos para la circulación y el encuentro. Dos elementos característicos de las edificaciones de Grafton Architects.

 

2–Universidad Bocconi

Milán, Italia

Finalizado en 2008

 

Por esta obra recibieron el Premio al Edificio del Año en el Festival Mundial de Arquitectura. La construcción, que ocupa una manzana completa en la Vía Roberto Sarfatti, ofrece un campus de configuración vertical más que horizontal. Desde su concepción, los tres grandes bloques que conforman las áreas académicas se conectan a través de amplios espacios abiertos, bañados con luz natural, que invitan a los encuentros espontáneos, a la conversación y trasladan la vida de la ciudad hacia el edificio. Las formas externas rompen con la escenografía urbana. Pero en su interior, como lo reconoce el jurado del Premio Pritzker, las arquitectas logran ambientes íntimos y una escala humana, a través del habil uso de la luz y del diseño interior cálido.

 

3–Instituto Urbano de Irlanda, University College Dublin

Dublin, Irlanda

Finalizado en 2002

 

Esta obra tiene una particularidad, la construyeron en la institución donde ellas estudiaron su carrera. Reúne en un mismo espacio a ingenieros, arquitectos, planeadores urbanos, geógrafos, economistas y científicos alrededor del desarrollo sostenible. El diseño promueve la integración de saberes y permite “un balance entre la tradición académica solitaria y aislada, y la urgente necesidad de mayor interdisciplinariedad para enfrentar las problemáticas urbanas de una manera realista”.

 

Las losas de terracota, el ladrillo rojo, los zócalos de granito, se conjugan en este edificio sostenible y le otorgan un gran atractivo visual. En su interior, la doble altura del piso principal ofrece suficiente espacio para los investigadores y los laboratorios, y el uso de claraboyas permite el ingreso de la luz natural, para

complementar la complejidad espacial propuesta.

 

4–Université Toulouse 1 Capitole, Escuela de Economía

Toulouse, Francia

Finalizado en 2019

 

La nueve sede de esta escuela de Economía cuenta con siete pisos y dos sotanos que estimulan a una comunidad educativa en constante crecimiento. Farrell y McNamara la describen como “una composición de elementos tradicionales reinterpretados, donde confluyen los contrafuertes, las paredes, las rampas, los interiores misteriosos y frescos, los claustros y los patios”.

Desde la concepción inicial, las creadoras soñaban con un diseño que les permitiera maximizar las entradas del aire y de la luz, y contar con ventilaciones naturales en cada uno de los espacios. De esta manera se lograría que la labor de los estudiantes y los investigadores resultara más agradable.

 

5–Colegio comunitario Loreto

Milford, Irlanda

Finalizado en 2006

El techo ondulante en zinc de este colegio rompe por completo con el paisaje verde de la pequeña ciudad de Milford, ubicada al noroeste de Irlanda. A través de dichas ondulaciones, las arquitectas logran que la edificación cuente, durante todo el año, con una correcta ventilación y la luz natural suficiente. Así les brindan confort a los 700 estudiantes que asisten a esta escuela. Las alas de la construcción están ubicadas en forma de molinillo y permiten que los profesores y los alumnos cuenten con espacios adicionales al aire libre. Las paredes actúan como cortavientos, muy necesarios en esta región; y sus altos ventanales permiten que quienes se encuentran dentro puedan tener contacto con el exterior y así no perder la noción del tiempo.