En el taller de Érika Diettes nada está puesto al azar. La luz, los muros, los colores y cada objeto tienen un propósito: honrar el dolor a través del arte.

Por: Diego Garzón Carrillo

Parece un portón cualquiera de uno de los tantos edificios del barrio Las Nieves en el centro de Bogotá, pero no lo es. Es la puerta de entrada a un universo creativo en el que varios artistas han instalado sus talleres para pensar, esculpir, pintar, moldear y todo lo que sea necesario para dar a luz una nueva obra.

En el quinto piso, al que se sube por un ascensor que se aferra al pasado, se encuentra el taller de Érika Diettes, un espacio cuidadosamente diseñado en donde nada está al azar, y no puede estarlo, porque en ese lugar articula sus proyectos y concreta todo el trabajo de campo previo a cada una de sus obras.

Una gran biblioteca que va del techo al piso conserva textos que se relacionan de una manera u otra con su obra: textos que abordan el tema de la tragedia y el duelo desde el arte, pero también tesis doctorales y otros documentos académicos. En sus anaqueles también se encuentran innumerables libros de literatura. El libro del desasosiego, del portugués Fernando Pessoa, ocupa un lugar preponderante: está sobre una mesa en el centro del taller. Lo tiene ahí porque cada tanto le gusta abrirlo en una página cualquiera y volver a sentir que alguien cercano le habla para contarle uno de los tantos secretos con los que ella se identifica.

La mesa sobre la que descansa Pessoa está rodeada por un sofá que mandó a hacer especialmente, una silla que trajo de su casa y otra que heredó de su abuela y que es muy especial para ella porque perteneció a su tío, quien fue asesinado hace años cuando se desempeñaba como director de cárceles del occidente del país.

Esa muerte la marcó de manera definitiva y todo el dolor que dejó cobró más aún relevancia mientras cursaba una maestría en antropología en la Universidad de los Andes. No es gratuito que su trabajo de grado de la maestría haya tenido como eje el duelo; tampoco, que sea uno de los temas transversales en su obra.

Taller de Erika Diettes

Foto_Esteban Vega

Pero no fue solo el asesinato de su tío el que trazó un camino en su quehacer. La muerte y el peligro han estado en su vida de forma latente por la profesión de su papá, el brigadier general Guillermo León Diettes, fallecido recientemente y de quien conserva, en su taller, el bastón de mando y la gorra de la Policía.

En una esquina del espacio se imponen dos fotografías inmensas de Sudarios, una obra en la que usó como soporte para sus retratos las telas con las que envuelven a los muertos. De la misma manera en la que el Santo Sudario plasmó el cuerpo de Cristo, Diettes quiso imprimir en la tela los gestos de dolor de quienes han vivido en carne propia el conflicto armado.

Dentro de unos guacales enormes conserva las fotografías de Relicarios, una obra que comenzó con la recolección de cientos de testimonios y de objetos de múltiples víctimas de la violencia en Colombia. En esas ‘cajas para guardar reliquias’ dispuso todo tipo de vestigios que dan testimonio de esas vidas acabadas, desaparecidas: unas llaves, un casete, una carta, una envoltura de dulce.

Relicarios estuvo conformada por 165 impresiones que requerían de una tonalidad exacta. Por eso es muy importante, también, la impresora Epson que tiene en el taller.

En el estudio sobresalen un tocador con un espejo ovalado y un espejo vertical grande. A primera vista, este estudio podría parecer un loft donde solo hace falta una cama. La cocina tiene lavaplatos y repisas. En el baño, las fotos también son protagonistas gracias a las luces, que le dan al espacio un ambiente expositivo.

Los estudios de Las Nieves, como se le conoce al edificio, les permiten a Erika Diettes y a los demás artistas con los que comparte el edificio mantener un diálogo permanente con el arte propio y el de los demás. Allí transcurre parte de los días de Diettes preparando su próxima obra: un oratorio que quiere construir en La Unión para que víctimas de diversos conflictos en el mundo puedan ir a orar por sus seres queridos. Con esta idea ya ha recopilado testimonios de familiares de desaparecidos en Uganda, Argentina y Colombia y quiere que, de alguna manera, ese lugar que viene pensando junto al arquitecto Alejandro Vélez acoja y dignifique ese dolor.

“Para mí es muy importante que los dolientes, que con toda generosidad me comparten sus historias y me donan sus objetos, se sientan representados y honrados en la imagen final. Es un trabajo que, por supuesto, denuncia lo sucedido, pero cuyo objetivo principal es ayudar a transitar el dolor de la pérdida en un acto de duelo colectivo”, reflexiona Erika Diettes. Y en este estudio de Bogotá es donde decanta lo caminado, lo hablado, lo vivido, lo escuchado. Aquí es donde el dolor se vuelve arte.

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