Este diciembre se conmemoran los 250 años del nacimiento del genial Beethoven, pero no quisimos recordarlo con otra biografía, preferimos indagar sobre cómo sus composiciones han influido en la ‘cultura pop’. De The Beatles a Kubrick, y con la ayuda de Yoko, aquí va nuestra sinfonía.

Se dicen muchos disparates sobre la llamada “música clásica”. Abundan los lugares comunes y las concepciones reduccionistas que la tildan de arte para los ricos, capricho sonoro del estrato seis y materia incomprensible para la clase popular. ¿Qué pensaría Beethoven de todo esto? Lo curioso es que la supuesta música “culta”, ha sido uno de los nutrientes esenciales de la cultura pop, que está al alcance de todos.

Y el viejo Ludwig van, quien nació en Alemania hace 250 años, fue un actor fundamental en este juego. Por su infancia difícil, su mala suerte en el amor, la sordera y sus apuros monetarios, se consolidó en el imaginario colectivo como un personaje desdichado; de esos que tanto interesan a Hollywood. Por su brillantez como compositor –no necesitaba oír para crear sus obras–, ha sido el inspirador de muchos músicos de todas las épocas y todos los géneros. Beethoven, un creador de música clásica, es una figura tan pop como las latas de sopa Campbell de Warhol.

Hay rastros de su legado hasta en las canciones de The Beatles. Uno de ellos se encuentra en Because, el segundo corte de la cara B del álbum Abbey Road, publicado en 1969. El tema tiene su origen en uno de los grandes hits ‘beethovenianos: la Sonata para piana No. 14, conocida como Claro de luna. John Lennon le pidió a su pareja, la artista Yoko Ono, que tocara los acordes de esta pieza, pero al revés. “Así surgió Because”, explicó alguna vez el fallecido Beatle.

Sin embargo, resulta más sorprendente la propuesta del compositor japonés Akira Miyagawael, quien conjugó, con bastante naturalidad, dos ‘cincos’: la Sinfonía No. 5 del maestro alemán, con el ritmo bailable de Mambo No. 5, de Dámaso Pérez Prado. Navegando por aguas similares, vale la pena escuchar la versión en clave de salsa del noruego Sverre Indris Joner. Y también hay canciones en su nombre, quizás una de las más populares sea Roll Over Beethoven (1956), compuesta por Chuck Berry e interpretada por The Beatles (otra vez), Electric Light Orchestra y reinterpretada por el argentino Charly García, en su disco El aguante (1998), como Correte Beethoven. ¡Cultura pop clásica!

Beethoven solo hay uno

En el cine también encontramos ejemplos memorables, la música de Ludwig van se escucha en el clásico Fantasía (1940), de Walt Disney; y su retrato y sus composiciones acompañan las aventuras del desquiciado Alex, en La Naranja Mecánica (1971). En este filme de Stanley Kubrick escuchamos el cuarto movimiento de la Sinfonía no. 9, reinventado por el sonido electrónico del sintetizador de la compositora Wendy Carlos (quien en ese momento era un hombre y conservaba su nombre de nacimiento, Walter Carlos, pero esa ‘sonata’ no nos incumbe).

Películas como Un gran amor de Beethoven (1936), de Abel Gance; y La amada inmortal (1994), de Bernard Rose, explotaron con éxito la historia de la carta que el compositor le escribió a una mujer a la que llamó Mi ángel, mi todo, mi yo mismo. Otros filmes, como Eroica (1949), de Walter Kolm-Veltée y Copiando a Beethoven (2006), dirigida por Agnieszka Holland, evocaron su figura de misántropo romántico y se centraron en su faceta de creador. Sin embargo, estas ficciones demuestran cómo, en cuanto a biografías musicales, el séptimo arte puede ser una fuente inagotable de fake news.

Hoy, la obra del maestro alemán es un patrimonio universal. La Oda a la alegría fue escogida como el himno oficial de la Unión Europea, la Sinfonía no. 9 conmemoró el primer aniversario de la caída del Muro de Berlín, sus composiciones se escuchan sin parar en todo el planeta, en las casas de este mundo confinado, y su “música clásica”, es cada día más popular. Como él mismo lo dijo: “Hay miles de príncipes, y los habrá, pero Beethoven solo hay uno”.

Cinco imprescindibles

1–En 1801, Beethoven compuso la Sonata Op. 27 No. 2 Quasi una Fantasia, conocida como Claro de luna, para la “señorita condesa Giulietta Guicciard”, quien tenía apenas 17 años. Esta, después de Para Elisa, es su pieza de piano más popular. La delicadeza del adagio sostenuto, con el que abre, pareciera no presentir el borrascoso presto agitato con el que culmina.

2–Es probable que las cuatro primeras notas de la Sinfonía No. 5 sean las más famosas de la historia de la música clásica. La sordera de Beethoven estaba muy avanzada para 1808, cuando culminó la obra, lo cual ayudó a reforzar su leyenda.

3–Muchas de las creaciones del maestro alemán no llevaron el nombre que él quería. Sus editores se imponían y elegían el título, así sucedió con la Sonata para violín y piano No. 5, conocida como Primavera. Sin embargo, en este caso el oyente puede asociar la bella melodía del primer movimiento, Allegro, con el renacer de la naturaleza, que se abre paso luego del invierno.

4–Para quien quiera iniciarse en el universo ‘beethoveniano’ le sugerimos que comience por la Sonata para violonchelo y piano No. 3 Op. 69, escrita en 1808. El sonido del chelo es que más se asemeja a la voz humana. El oyente novato disfrutará mucho esta composición porque tiene pocos movimientos lentos.

5–El segundo movimiento, Andante con moto, del Concierto para piano y orquesta No. 4, escrito en 1806, es la obra que mejor refleja el conflicto interno de este genio romántico. Solo Beethoven podía enfrentar, de manera tan dramática, al piano contra la orquesta. Un ángel contra un demonio, quizás esa sea la descripción acertada.

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