NUNCA OLVIDAREMOS EL 2020. Quizás dentro de algunas décadas lo recordaremos como un año de cambios y de aprendizajes, tal como lo afirma el escritor Hugo Chaparro Valderrama en uno de los textos de esta revista. Pero hoy, con los pies puestos en el presente de oportunidades, llegó el momento de mirar hacia atrás y de recoger las enseñanzas y, ante la crisis, extraer lo positivo de este año. Uno de los aprendizajes, quizás el más visible, fue el cambio en nuestra forma de relacionarnos con nuestros espacios: el hogar, la oficina, el parque, el conjunto residencial, en fin…

Detengámonos en el hogar que siempre ha sido —y será— el espacio en donde estamos abrigados, resguardados, seguros, el lugar en el que podemos ser nosotros mismos. Es así desde el origen de la palabra. ‘Hogar’ viene de focus, palabra que en latín significa fuego y que hace referencia al brasero que solía haber en el centro de las casas. Servía para cocinar, para calentar las viviendas durante los inviernos, era el mejor pretexto para reunir a las familias y, por supuesto, servía para alejar a los animales peligrosos.

Eso es el hogar, un término ampliamente conocido, pero fácilmente olvidado. Una idea, un concepto, un espacio que, mientras nos refugiábamos de la pandemia, volvimos a reconocer, a vivir, como hace mucho no lo hacíamos.

El virus que se expandió por el planeta nos obligó a parar de manera forzosa. Los humanos se confinaban en sus casas mientras los animales retomaban los espacios que en tiempos remotos fueron suyos. Las plazas, los sitios turísticos emblemáticos, los monumentos se quedaron vacíos. Y sin gente a su alrededor pudimos admirar la maravilla de su arquitectura.

Adentro, en el hogar, hubo dramáticas reacomodaciones. Este se convirtió en vivienda, oficina, gimnasio y escuela, en un solo espacio. Dicha compresión demostró que el diseño de las casas debería ser revaluado, que no se puede pensar en ellas como simples lugares de paso y habitaciones para dormir. Este año, durante meses, las vidas de millones de familias transcurrieron, día y noche, en sus hogares.

La pandemia nos ha hecho reflexionar sobre cómo nos relacionamos con el espacio; de hecho, todas las pandemias han tenido ese efecto en la arquitectura y en el diseño. Ese fue uno de los puntos de partida de este número, que en buena parte de sus textos demuestra que los grandes diseñadores y arquitectos son aquellos que, a partir de las necesidades de la comunidad, son capaces de crear memorables espacios para el encuentro. Así lo han hecho, por ejemplo, las ganadoras del Premio Pritzker, Yvonne Farrell y Shelley McNamara; firmas arquitectónicas como Steimle Archiekten, o proyectos como Rural Studio, de los que hablaremos en las siguientes páginas.

El mundo cambió, y nuestra revista también. Esta es una edición renovada, rediseñada, pensada para que pueda ser su ‘hogar’ de lectura, diversión y conocimiento. Le recomendamos revisarla sin prisa. Cuatro grandes secciones la componen: Arquitectura, Diseño, Estilos de Vida, y culmina, como ya es costumbre, con una guía de nuestros proyectos destacados.

A lo largo de este número esperamos que viaje, con otro ritmo, por cuatro históricas poblaciones de Colombia; recordamos la atrayente estética de las locaciones en los filmes de Wes Anderson, le hablamos del legado (pop) de Beethoven, le explicamos el valor del turismo sostenible y le presentamos las sillas creadas por la compañía colombiana Tucurinca, entre otros temas que le interesarán.

Lo invitamos a descubrir esta publicación que transformó su experiencia de lectura. Renovamos este espacio para ampliar nuestra oferta de historias y referentes.

Que disfruten estos cambios, que lo acompañen a usted y a los suyos en esta temporada; y que tenga un muy feliz 2021.