Un virus llegó de forma inesperada y nos hizo cambiar nuestra dinámica familiar. Nos vimos forzados a estar juntos y encerrados 24/7. Para muchos fue un reto, pero, indudablemente, fue la oportunidad ideal para darnos cuenta del verdadero valor de la familia.

Se nos había olvidado cómo conversar sin que hubiese un aparato tecnológico de por medio o sin voltearnos a ver el reloj en el afán por estar en otro sitio para cumplir con nuestra agitada dinámica. Este año solo nos importa saber que nuestros seres queridos están bien y no sufren de alguna carencia. La pandemia nos ha hecho más cercanos, más sensibles y más humanos.

El Covid-19 ha demostrado que una familia cálida y estable representa una serie de papeles muy importantes. Primero, la familia nos ayuda a conservar el sentido emocional y psicológico, nos hace saber que no estamos solos, nos brinda ayuda y apoyo mutuo, nos proporciona risas, momentos especiales y nos recuerda que estos tiempos difíciles no durarán toda la vida.

En segundo lugar, la familia se convierte en una fuente de apoyo financiero y físico en tiempos de pandemia. El espíritu de solidaridad, protección y pertenencia permite que todos los miembros puedan levantarse y no decaer.

Finalmente, nos hemos dado cuenta que todos necesitamos de todos. Hoy todos somos una familia donde cada miembro se tiene que cuidar a sí mismo para cuidar de los demás.

Ahora bien ¿qué significa todo esto un 24 de diciembre? Todos estábamos acostumbrados a visitar a nuestras familias en navidad o salir a la calle principal de nuestro barrio para compartir con los vecinos y, aunque pensábamos que eso iba a ser posible, las nuevas indicaciones del Gobierno Nacional nos han hecho replantear nuestras actividades decembrinas.

Para los adultos puede ser un poco más fácil de sobrellevar porque entendemos la situación, pero ¿qué pasa con los niños? Debemos reforzar nuestro papel como padres y explicarles por qué el Niño Dios no va a llegar este año o no va a llegar con tantos regalos como en años anteriores. También vamos a tener que aprovechar para realizar rituales o actividades que los distraigan de la necesidad de jugar con sus vecinos o primos, pero, sobre todo, aprovechar el tiempo de calidad con ellos, escucharlos, conocerlos y que ellos nos conozcan a nosotros. Cuéntale de tus navidades pasadas, de tus regalos favoritos, enséñalos a pedir deseos de corazón y a pedir, no solo por el bienestar propio, sino por el de los demás.

Fomentemos el amor y la unión en la noche navideña. Es momento de enseñarles a nuestros hijos el valor de lo que tienen en casa y la importancia de estar juntos en los momentos más difíciles.