Volver a la raíz, conectarse con la tierra, organizar pensamientos mientras se trabaja la arcilla, un material que “tiene memoria”. La historia de cómo Isabel Barreto creó su taller de cerámica Terra.

Por Margarita Barrero.

El sonido seco de los golpes de las manos cuando amasan la arcilla juega con la música en el Taller Terra. En la etapa inicial, el delantal es impajaritable, al igual que la adecuada posición de las piernas para soportar el movimiento de las palmas, que llevan la arcilla contra una superficie de piedra hasta formar la cara de un pato, tantas veces como la maestra lo pida.

La frase “es momento de centrar la arcilla” precede el contacto con el torno, que se impulsa con el pie. Esa roca sedimentada y descompuesta tiene entre las manos su primer encuentro con el agua. La presión de los dedos definirá el futuro de la pieza. Ese material sólido se convertirá en una crema que consiente la piel y, entonces, no se tratará de crear cerámica, sino de organizar pensamientos.

Isabel Barreto es diseñadora gráfica, pero amante de la arcilla desde los 6 años. En enero pasado abrió su taller de cerámica e invitó al maestro ceramista Ricardo Mariño para trabajar juntos. – Foto

Eso es lo que siente la diseñadora gráfica Isabel Barreto con la arcilla y lo que entendió desde los 6 años, en su hogar, cuando su madre, Elena Gutiérrez, le enseñó a moldear la cerámica. Su mamá era pedagoga. Trabajaba en la organización del padre Javier de Nicoló, que ayudaba a niños en condición vulnerable, diseñando talleres de oficios para que aprendieran distintos tipos de arte. Isabel siempre sintió el llamado del barro. Ningún recuerdo de su infancia se compara con lo que le representa para ella el olor de la arcilla, que describe cálido y le recuerda a su hogar en la sabana, por la vía Cota.

Un ceramista, una guía

Ricardo ha dedicado 40 de sus 62 años a conocer los secretos de la arcilla. Empezó cuando su padre, campesino y constructor, lo llevó a la finca del escultor Antonio Roa. El artista lo vio jugando con el material, advirtió las habilidades de Ricardo y le enseñó. “A mí me gustaba más el torno que la escultura, porque era más espontáneo”, recuerda Ricardo.

Isabel, por su parte, quería explorar el diseño más allá del computador, así que profundizó el conocimiento que ya tenía de la arcilla con la ayuda del maestro y unió las sensibilidades de sus padres: “Combino la habilidad de mi mamá con el arte y la de mi papá como empresario, de ahí surge Terra”, cuenta.

Siempre sintió empatía con el arte. Trabajó en agencias de publicidad como Lowe o Leo Burnett y hace ocho años arrancó con su empresa de individuales en papel, diseño de patrones, telas, delantales y manteles, al tiempo que llegaba su primera hija al mundo.

Foto_Cortesía Terra Cerámica

Foto_Cortesía Terra Cerámica

Más que tierra, un oficio

En enero comenzó su taller de cerámica, ubicado entre Chía y Tabio, cuyo nombre, Terra, hace alusión a la conexión con la tierra, a volver a la raíz. Todas las etapas de la arcilla las han estudiado estos maestros. “El secreto es que la arcilla tiene memoria, eso me lo dijo la artista Ana María Botero y tenía razón: si la tratan mal, se le revela. Se debe tratar con cariño”, aclara el maestro. Hoy Isabel Barreto sigue encontrando la belleza en lo simple. Como si fuera una cita con un psicólogo, quienes asisten a su taller pueden experimentar frustración, felicidad, llanto o risa. De lunes a viernes, cada participante avanza en su proceso. A la quinta clase, más o menos, cada persona puede llevarse a casa su creación: un pedazo de la tierra a la que le dio vida.

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