El regreso completo a las aulas parece una posibilidad remota. La virtualidad seguirá dominando nuestras vidas. ¿Cómo concentrarse mejor, lograr un buen rendimiento y evitar el ‘burnout’ para quienes estudian en el hogar? 

Estudiar se ha convertido en uno de los más grandes retos, a nivel mundial, en medio de la pandemia. El año pasado, tan solo en Colombia, más de cien mil niños abandonaron la escuela, según las cifras del Ministerio de Educación. Y, de acuerdo con un estudio del Laboratorio de Economía de la Educación, publicado por la Universidad Javeriana en 2020, la deserción de las aulas en la educación superior aumentó un 25 por ciento. Hoy, como lo indican las cifras y las investigaciones, millones de alumnos carecen de las condiciones básicas para continuar con su formación durante esta coyuntura. 

La situación no es menos compleja para quienes tienen la posibilidad de continuar sus estudios en el confinamiento. La adaptación a un “nuevo orden” (que no está completamente definido) y las fallas en las telecomunicaciones, entorpecen el aprendizaje. Las familias enfrentan cada día problemas de convivencia y espacio; los padres y los hijos comparten banda ancha y habitación mientras trabajan y estudian. Concentrarse y guardar la calma resulta difícil.

 Si le suena familiar lo que le estamos contando, entonces estas recomendaciones podrían resultarle útiles. 

Ni es lo mismo, ni es igual

 “Lo primero que debemos entender es que en este momento no estamos recibiendo una educación pensada, especialmente, para impartir en casa. La contingencia nos obligó a recibir las clases de esta manera y nos forzó a adaptarnos como podamos”, explica Ana Paulina Maya, experta y promotora del homeschooling (educación en el hogar) en Colombia. Es decir, para la gran mayoría de alumnos, que recibían sus clases presenciales impartidas por un profesor en alguna institución, esta manera de formarse –inesperada, repentina– ha representado un cambio drástico. Hay que entender, primero, que los estudios virtuales son otra cosa; y que demandan un cambio de actitud y disposición: esta experiencia requiere de un mayor esfuerzo y concentración. Aunque los ‘profes’ hagan su mejor intento, dictar sus asignaturas a través de la pantalla no será lo mismo que hacerlo cerca de sus estudiantes. ¡Pero también hay otras posibilidades y recursos que da esta formación virtual!

El sitio indicado 

De otro lado, estudiar en casa no es una novedad. Todos lo hemos hecho. Antes de que se popularizara la educación masiva, aprendíamos a leer y a sumar en nuestros hogares. En épocas recientes, después de las jornadas en el ‘cole’ o en la universidad, siempre hemos tenido un lugar y destinado un tiempo (a veces horas eternas) para repasar, prepararnos para un examen, o hacer las tareas, en el lugar donde vivimos. 

“Es importante tener un espacio para estudiar en casa, al igual que contar con zonas de descanso, introspección y socialización. Ojalá sean áreas donde se puedan desempeñar las actividades de manera cómoda y tranquila. La adecuación de esos rincones íntimos tiene una gran influencia en cómo nos comportamos en ellos”, explica Elisa Ortega, arquitecta especializada en espacios interiores. ¿Qué condiciones ideales debería tener la habitación donde usted o sus hijos estudian? Una buena iluminación natural (en el día) y artificial (en la noche), una adecuada ventilación (ojalá no haya exceso de humedad), una razonable amortiguación del ruido y, además, ojalá sea un lugar fácil de limpiar. 

Comer, estudiar, organizar 

Es cierto, no todo el mundo cuenta con un área amplia e independiente para estudiar en casa. Hoy, varios de los espacios tienen diversos usos. El comedor, donde antes solo se reunían las familias para cenar, por ejemplo, se ha convertido en estudio de pintura, de estadística, de avanzados cálculos aritméticos o en sala de Zoom o Teams. Entonces, en este nuevo hogar multiusos, dicho espacio debería tener unos horarios específicos, como existen en los restaurantes o las bibliotecas. Y ayudará mucho un poco de orden.

 “Cuando destinas un mismo espacio para actividades diferentes, como estudiar y comer, este será más versátil y eficiente si cada elemento (llámese lápiz, portátil, iPad, tenedor o taza de café) tiene su propio rincón. Así resultará más fácil pasar de una tarea a otra, porque siempre, y es inevitable, cada ocupación generará un desorden (sobre todo si hay niños). Sin embargo, si hay un plan, si sabes dónde poner cada objeto, será menos complicado recuperar la armonía al pasar de una actividad a la siguiente”, agrega Maya. Sepa entonces que las bandejas, las cajas, las carpetas, que permiten guardar desde platos hasta cuadernos, serán muy buenas amigas.

Haga una pausa (o varias)

Usted ya lo habrá experimentado, estudiar en medio de estas circunstancias le impide concentrarse, a veces se cansa más o debe repasar sin descanso ciertos documentos que antes, tras una corta lectura, lograba comprender sin dificultad. Cuando esto le pase, seguramente su mente le está queriendo decir: “Es tiempo de hacer un break”. Los breves recesos le ayudarán a ser más productivo. “En las experiencias de homeschooling, por ejemplo, las familias han aprendido que es necesario aprovechar otros espacios para distraerse; porque la creatividad no se logra permaneciendo en un mismo lugar todo el día”, explica Maya. 

Para despejarse y estimular las ideas, puede tener a mano juegos de mesa, crucigramas, pelotitas antiestrés o juguetes tan básicos como un yo-yo; todos le ayudarán a relajarse. Esto permite dinamizar la mente y evita que el cerebro caiga en una monotonía que puede afectar su productividad. De otro lado, su mejor herramienta para descansar y aclarar su mente, y recobrar la energía y la calma, será la respiración. Habrá oído del mindfulness (la atención plena) y de sus simples ejercicios; póngalos en práctica.