Desarrollar un emprendimiento puede ser muy satisfactorio en lo personal y en lo económico, pero no es fácil lograrlo. Tener una idea de negocio y convertirla en un negocio rentable es toda una apuesta de vida que requiere trabajo y sacrificio.

“La gente cree que los emprendimientos son la panacea, que alguien tiene una buena idea de negocio y que en dos años va a tener millones de dólares, pero casi nunca es así”, dice Andrés Ortiz, fundador de Drycol, empresa especializada en alimentos deshidratados.

Las lecciones aprendidas de los emprendedores

Hace 12 años Ortiz vendió el carro, la moto y el reloj para comprar los equipos de segunda con los que le apostó a su idea. Hoy, tras un historial que incluye accidentes laborales y dos incendios que casi acaban con su planta de producción, su emprendimiento crece y emplea a más de 80 personas. “Hay que lucharla”, dice.

Según el Global Entrepeneurship Monitor, Colombia es uno de los países más emprendedores del mundo, pero, en promedio, los emprendimientos solo alcanzan el punto de equilibro al tercer año y comienzan a ser rentables al quinto. Más pronto que tarde, el emprendedor querrá ver cómo su idea de negocio se convierte en un negocio rentable. Si no, ¿para qué invertir tiempo y dinero?

“Tener éxito toma mucho más tiempo del que uno espera”, dice Santiago Spinel, fundador de una constructora especializada en proyectos de vivienda. “Lo que uno más necesita como emprendedor es adaptabilidad, porque lo único seguro es que nada va a salir como uno lo planeaba. Hay que adaptarse rápidamente a circunstancias imprevistas, explorar nuevos caminos y reconsiderar lo que daba por sentado. El que es inflexible no llega a ningún lado”, afirma.

Las lecciones aprendidas de los emprendedores

Aunque estén convencidos de la viabilidad de sus ideas de negocios, es común que los emprendedores se desanimen en el camino. Algunos de los obstáculos más padecidos en Colombia son la fuerte competencia, la burocracia, los numerosos impuestos, la extensa reglamentación y los trámites que hay que cumplir. “Ser emprendedor es como caminar en una cuerda floja y aguantar los empujones de quienes lo quieren tumbar”, concluye Ortiz.

 

Otra de la lecciones aprendidas de las personas consultadas para este artículo es la necesidad de especialización. “La curva de aprendizaje es bastante costosa, pero uno tiene que llegar a conocer muy bien su tema y ser demasiado bueno en él, no hay otra manera para generar confianza y atraer clientes e inversión”, dice Diego Rojas, fundador de La Puerta Naranja, una academia que agremia ilustradores, artistas visuales y escritores.

El eje central de La Puerta Naranja es la industria creativa, la llamada ‘economía naranja’ que, al contar hoy con incentivos por parte del Estado, representa una oportunidad para negocios relacionados con el entretenimiento y el ocio.

Por su parte, Santiago García, co fundador de Qüit Lab, un laboratorio de innovación que ofrece productos y servicios basados en tecnología digital, considera que también es buen momento para hacer de la tecnología un negocio rentable. “Las empresas empiezan a pensar y a sentir que ahí hay una oportunidad para mejorar, y aunque la competencia es cada vez mayor, la alternativa es desarrollar una oferta personalizada”.

Las lecciones aprendidas de los emprendedores

Todos coinciden en que un negocio rentable necesita un equipo multidisciplinario. “Son pocos los casos exitosos de el emprendedor todopoderoso. Lo ideal es que haya una combinación de perfiles que se complementen en ideas y tareas, aunque consolidar un buen equipo no es nada fácil”, comenta Diego Rojas.

Finalmente, al consultarles acerca de las características del emprendedor, hubo concesos en atributos como: resiliencia, resistencia, empatía, persistencia, ingenio, pasión, paciencia. Y suerte.

También hubo acuerdo en que el emprendedor arriesga, enfrenta el miedo, deja a un lado la estabilidad y la seguridad que pueda tener como empleado y a veces sacrifica tiempo con su familia. “Sí, es cierto: uno tiene que trabajar más, pero no la sufre. Yo me la gozo”, concluye García.

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