El alto costo de no planear nuestras ciudades

Cada día en Amarilo nos preguntamos cómo podemos aportar más a la construcción de un país mejor. Desde hace más de tres décadas, creemos que la vivienda no es solo un techo, sino el punto de partida de una vida digna. Pero esta convicción encuentra un obstáculo muy serio cuando las ciudades crecen sin planificación.
La falta de planeación urbana no es solo una falla técnica: es un error con costos humanos, ambientales y económicos enormes. Y estos costos los estamos pagando hoy, en muchas ciudades de Colombia.
El costo de construcción
El crecimiento urbano sin una adecuada planificación ha llevado a que muchas ciudades de Colombia se expandan hacia zonas de ladera y terrenos con pendientes pronunciadas. Estos lugares no solo implican costos de construcción más altos, sino que también representan un riesgo para las familias que los habitan.
Vivir en terrenos inestables puede poner en peligro su seguridad y bienestar, resaltando la necesidad de promover desarrollos urbanos más seguros, sostenibles y bien estructurados.
Esta situación refleja no solo la falta de planificación adecuada, sino también una respuesta apresurada al déficit de vivienda que enfrentan muchas ciudades.
Urbanizar sin una visión clara ni una organización estructurada ha llevado a intervenir terrenos complejos como laderas, sin considerar las consecuencias a largo plazo para el desarrollo urbano.
Más allá de los altos costos en movimiento de tierras, cimentaciones especiales y accesos complicados, este tipo de construcción sin planeación limita el crecimiento ordenado de la ciudad, dificulta la integración de servicios públicos eficientes y deteriora la calidad de vida.
Al final, lo que se ganaría en rapidez o economía inicial, se pierde en sostenibilidad, seguridad y proyección a futuro.
Acceso a los servicios públicos
Pero el reto no termina con levantar la estructura. Una vez se construye en zonas de difícil acceso, el siguiente desafío es llevar hasta allí los servicios públicos esenciales.
Las zonas en ladera o periféricas no solo implican un mayor costo en cimentación y obra civil, también encarecen —y muchas veces complican— la extensión de redes de agua, energía, alcantarillado y gas.
Aunque se han logrado avances en la cobertura de servicios públicos en las últimas décadas, en varias ciudades colombianas persisten rezagos significativos que reflejan desigualdades en el acceso y la calidad de estos servicios.
Según la Superintendencia de Servicios Públicos Domiciliarios, muchas poblaciones del país registran una cobertura inferior al 90%. Incluso en capitales de departamento como San Andrés o Quibdó, cerca de la mitad de las viviendas no cuentan con acceso adecuado a servicios públicos básicos.
A esta situación se suma un desafío igualmente crítico: la calidad del servicio. De acuerdo con el mismo informe, en Colombia operan más de 12.000 acueductos comunitarios, la mayoría en zonas periféricas, que funcionan sin conexión a redes principales y con limitaciones técnicas y financieras que afectan la continuidad y seguridad del suministro.
Estos sistemas, aunque vitales para muchas comunidades, operan muchas veces sin conexión a redes principales, sin estándares técnicos claros y con grandes limitaciones de infraestructura y financiación. Esto se traduce en interrupciones frecuentes, agua de baja calidad y enormes retos para las entidades que deben llevar allí energía, agua y saneamiento.
Una de la causas de esta problemática es la ausencia de planeación, donde el crecimiento sin orden hace que sea muy costoso llevar los servicios públicos a zonas alejadas en las ciudades.
Algunos estudios realizados en América Latina estiman que en ciudades con crecimiento urbano desordenado, el gasto municipal debe incrementarse entre 48% y 244% por vivienda para garantizar los mismos niveles de servicios (Urban Transitions, 2021).
La Movilidad
A este problema se suma otro igual de complejo: la movilidad. En Medellín, una ciudad con retos topográficos considerables fue necesario implementar sistemas de transporte por cable para conectar comunidades en laderas.
Otras ciudades como Manizales, Pereira, Cali y Bogotá han continuado este mismo proceso para ofrecer servicios de transporte en las regiones periféricas, especialmente en las laderas del sur de la ciudad.
Si bien soluciones como el transporte por cable han sido reconocidas a nivel nacional e internacional, su construcción, operación y mantenimiento representan costos muy altos.
Muchos de estos gastos podrían evitarse si, desde el principio, se planeara el desarrollo urbano con criterios de accesibilidad, conectividad y sostenibilidad. Una ciudad bien pensada desde su origen necesita menos soluciones correctivas y más acciones que potencien su desarrollo integral.
El Tiempo
Además, está el costo más silencioso pero más corrosivo: el tiempo. Las familias que viven lejos de sus lugares de estudio o trabajo, en barrios construidos sin planificación, invierten dos o más horas diarias en transporte.
Es tiempo que no se comparte en familia, no se invierte en estudio, ni en bienestar. Según el Departamento Nacional de Planeación, esta dispersión urbana reduce la productividad de las ciudades y profundiza las desigualdades sociales y económicas.
Nuestra Apuesta
En Amarilo, hemos apostado por una visión distinta. Nuestro modelo de “Ciudad dentro de la Ciudad” está pensado para que las personas vivan cerca de lo que necesitan.
No es solo construir viviendas; es crear comunidad, cercanía, bienestar. Grandes Desarrollos como La Felicidad o Lagos de Torca en Bogotá, Hacienda Rosablanca en Villavicencio o Alameda del Río en Barranquilla demuestran que sí se puede crecer con orden, con visión y con humanidad.
Colombia no puede darse el lujo de seguir improvisando su crecimiento urbano. El precio que se paga —en dinero, en tiempo, en oportunidades— es demasiado alto.
Planear no es un lujo reservado para las grandes ciudades, es una necesidad urgente en cada rincón del país.
En Amarilo creemos que esta tarea solo es posible si trabajamos de forma articulada con el sector público y privado, sumando esfuerzos hacia un desarrollo urbano sostenible y ordenado.
Además, es fundamental que los gobiernos locales y las alcaldías garanticen la continuidad de los planes de ordenamiento territorial, más allá de los periodos de gobierno. Solo así podremos construir ciudades que respondan a las necesidades reales de sus habitantes, hoy y en el futuro.
Fuentes
Urban Transitions Global Programme (2021). The Cost of Urban Expansion in Mexico.
Superintendencia de Transporte. Cartilla de Transporte por Cable.
Departamento Nacional de Planeación (DNP). El desarrollo urbano en el Plan Nacional de Desarrollo.
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