Color del martirio y del poder. De emociones y alegrías profundas, de la fortuna y de la necesidad. Del inframundo. En la dosis correcta, el rojo es un elixir; pero puede también ser un veneno. Conozcamos la fuerza del significado del color rojo.

Por Alejandro Torres Parra

Siempre lo consigue cerca de la medianoche, de improviso, y de ahí que uno de sus nombres sea de fiesta. En lo oscuro, actúa sin brusquedad y con una rapidez asombrosa, imperceptible, como una Cenicienta a la inversa a la que, a esa hora en la que el calendario cambia de fecha, se le aparecieran vestido, carroza y zapatos para vivir su mejor momento. A punto de las doce, de unas hojas largas, carnosas y de poca gracia surge lo improbable: una flor de tantos pétalos que cuesta contarlos, tan grande o más que la mano abierta de un hombre y de un color rojo escandaloso. Vociferante, seguro, en los bosques tropicales de Centro y Suramérica, de donde viene y donde coloniza las ramas de los árboles (es epífita). Único en el jardín de un lugar donde, a esa hora, uno de sus nombres tiene más sentido. Le llaman Flor del baile.

Estará abierta varios días. Sobrevivirá al guayabo de la fiesta. Bosque y jardín serán distintos. Intensos. Ambos tendrán un imán de ojo que jalará miradas como suele pasar con un color que se parece a un elixir; en su dosis exacta maravilla, en exceso intoxica y hasta envenena.

Cuando Monina habla –solo el banco o un juzgado la llamarían ‘Luz Mariela Gómez’, su nombre de pila–, se podría jurar que sus palabras son de color rojo. Son intensas, apasionadas, vibrantes, incluso a través del teléfono. Son múltiples, diversas, como ella, que estudió bellas artes, historia del arte y de la arquitectura, historia del arte medieval y moderno y diseño de modas en Bogotá, Barcelona y Florencia, que ha investigado sobre los objetos y la publicidad y hoy es profesora de Diseño de la Universidad de los Andes en Colombia.

De golpe son extremas sus palabras. Hablamos del significado del color rojo, que es extremo, como la vida. ¿No logró poner de acuerdo, al menos en gustos, a Caperucita y al diablo?

“Es un color muy potente –dice Monina–. La sangre es roja. Lo asociamos con emociones intensas, fuertes”. Antes del siglo XIX y del estudio sicológico del color, recuerda, fue vinculado con el poder. Un color muy difícil de lograr para la ropa, además, antes de las tintorerías químicas y para el que se necesitó, en Europa, la sangre de un insecto, el kermés, recolectado de las hojas de los robles, y en América, los huevos de otro insecto, la cochinilla.

Esencial en publicidad, básico para incitar a comer (los de la comida rápida y la comida chatarra lo saben) y clave en un ‘call to action’, dividió a seguidores y detractores de María, reina de Escocia, cuando hace algo más de 400 años, a unos pasos de su decapitación, se quitó una prenda oscura y resplandeció con un vestido escarlata. Los de acá –lo narra Kassia St Clair en Las vidas secretas del color– la vieron como mártir, vestida con la sangre de Cristo.

Los de allá, aún bajo ese credo, la compararon con la ‘Ramera del Apocalipsis’.

Color rojo en el arte rupestre

                     Foto: Getty / VW Pics

Monina cuenta la historia de Alberto Burri, pintor italiano que conoció en Bolonia, que falleció en los años 90, que fue médico y que estuvo en la Segunda Guerra Mundial. De regreso, impresionista abstracto, hizo del color rojo algo potente en su obra. Derritió plásticos, usó materiales no convencionales y, con agujeros sobre el rojo, “¡logró algo tan dramático acerca del dolor, de la sangre que vio y vivió en la Guerra!… La vida, la carne mutilada”.

Honor en el inframundo egipcio, excelencia del color –coloratus– en la Roma imperial, un llamado para dioses incas y aztecas, una potente inyección de éxito en la Premier League de Inglaterra –la mitad de los títulos del fútbol colombiano tienen camiseta roja– o símbolo de la marca más arrasadora del planeta durante un  siglo –Coca Cola–. Eso es el color rojo, color que está en 74 % de las banderas nacionales del mundo, en la revolución francesa, en la bolchevique y en la china. En el amor y la prosperidad del feng shui. En la necesidad de los hogares durante la pandemia. Y en la sangre del cordero en las puertas durante la noche de los primogénitos del Éxodo.

Es el color de un toro –o un bisonte, me corregirán– en las cuevas de Altamira y de las poderosas esculturas de Anish Kapoor.

Un juez retirado confiesa que espía a sus vecinos y una modelo, joven, se aterra frente a la idea del magistrado misántropo según la cual las vidas de otros serán miserables con o sin su intervención. Entre las vidas de ambos, en la atmósfera de la casa del juez y en la Ginebra donde viven, surge una perturbadora reflexión sobre destino, culpa y fraternidad. Casa y ciudad, aun entrando la primavera, son un lienzo de tonos tierra donde objetos carmín o escarlata trazan una honda narrativa visual. Es Rojo, una célebre película del polaco Krzysztof Kieslowski, parte de una hermosa, multipremiada y aplaudida trilogía de los años noventa que completan Azul y Blanco.

Sí, en Rotten Tomatoes, cuyos tomates color rojo son el elíxir, en IMDb o en Filmaffinity se cuentan por cientos las entradas con la palabra rojo. Hasta las 1.597 en el sitio de las hortalizas. J Balvin titula Rojo una de sus letras y monta un video trágico. La psicología del color rojo nos seduce, pero nos conforma poco. Quizá muchas de esas entradas sean traslúcidas, faltas de carácter. Y a otras, aún sin el rótulo, les sobre personalidad. Cómo olvidar, en Adiós a mi concubina, el rojo de la sangre, sobre la nieve y la trama ocre de un callejón de Beijing, en el instante en el que una madre le corta el sexto dedo de la mano a su hijo para que lo acepten en una escuela de actores.

Un profundo relato de Chen Kaige sobre la transformación cultural en China donde el color rojo es protagonista: de fortuna y de tragedia.

A Rita Hayworth, lo recuerda Monina, además de cambiarle el nombre, la volvieron pelirroja para que conquistara al mundo desnudando su brazo al quitarse un guante en 1946, en Gilda, y hasta fue la inspiración de Jessica Rabbit, que no es una mala mujer, solo que la ‘dibujaron así’. Habrá flores del baile fucsias, blancas y naranja. Sí. Pero ninguna tan seductora como la de color rojo. ¿Cómo será el mundo sin el color del sacrificio y de la lujuria? Quizá Fígaro, el gato, que, se dice, percibe más los tonos fríos, los azules y los verdes, lo sepa. Distinto, seguro.

Color rojo en el diseño de autos

                        Foto: Getty / Jack Taylor

Una delgada línea de color rojo

  • El color rojo vibra, es dinámico. “Es un punto focal”, dice Monina. En la composición interior, la sutileza y la medida son esenciales para el rojo.
  • “Algo bellísimo en la pintura del Renacimiento –señala Monina–: el Díptico de los duques de Urbino de Piero della Francesca. El duque está vestido totalmente de rojo, con un tocado en la cabeza”. El rojo demostraba el poder durante el Renacimiento y el Medioevo.
  • “En Altamira, el bisonte es rojo, realizado con óxido de hierro presente en la tierra, hace 12 o 15 mil años. Se ha hablado –cuenta Monina– de honrar al animal que iban a cazar, pero también hay otras creencias: pintar al animal para tener poder sobre él”.
  • “En América, además de los tejidos maravillosos de la Cultura Paracas, está la tumba de la ‘Reina Roja’, en el Templo XIII del sitio maya de Palenque”, señala Monina como testimonio del fuerte significado del color rojo en culturas prehispánicas.
  • Luis XIV amaba el baile. Fascinado por los tacones persas para sujetarse a los caballos, los adopta y su zapatero logra pintarlos de rojo, como se ve en el cuadro de Rigaud. “Así se vestía el poder”, recuerda Monina.
  • Las suelas rojas del francés Christian Louboutin, desde los 90, han sido un objeto de deseo. Son íconos. La marca Zara le ganó una demanda y distribuye zapatos con suelas escarlata. Louboutin ya se había enfrentado a Ives Saint Laurent.
  • El rojo Ferrari es el rojo de la victoria, de la escudería de Maranello y de la sofisticación en un automóvil. El primer deportivo de calle de Ferrari fue este, que el mismo Enzo Ferrari anduvo por la calle en 1947.
  • Para Valentino, el gran diseñador italiano, el rojo “es un color fascinante, el color de la vida, de la sangre, de la muerte, de la pasión y el amor. La cura definitiva para la tristeza”. Se enamoró del rojo, cuenta en su biografía, al ver la ópera en Barcelona.
  • El artista Fernando Botero le rinde un homenaje al rojo Valentino con el cuadro de la mujer vestida por el diseñador italiano, con un traje como el que lució Brooke Shields en Roma en 1981.
  • Era imposible que feligreses y críticos no se fijaran en los zapatos color rojo de Benedicto XVI, hechos por el artesano Adriano Stefanelli, muy intensos, mucho más, que los zapatos oscuros, rojo oscuro, de Juan Pablo II.

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