10 LUGARES PARA VIAJAR SOLO

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Han pasado 206 años desde aquel 20 de julio en que un grupo de criollos de la Nueva Granada levantó su voz por la independencia política y administrativa de la España colonizadora. Más de 200 años que han quedado grabados en paredes, tejados, aceras, calles y plazas de cientos de pueblos que hoy son memoria, historia y legado patrimonial que nos pertenece a todos los colombianos y que usted encontrará en esta selección de diez de los pueblos que mantienen vivo el patrimonio de nuestro país.

Paraíso de la cultura, la arqueología y la naturaleza VILLA DE LEYVA, BOYACÁ

Sus calles, sus casas, su inmensa plaza mayor… toda la villa es un tesoro cultural en el que vive la historia Precolombina, Colonial y Republicana de Colombia. Desde que los muiscas habitaron ese territorio, su situación ha sido propicia para la observación astronómica, práctica que hoy perdura cada inicio de año cuando se celebra el Festival Astronómico. Sus tierras fértiles, rodeadas por el páramo de Iguaque, cuya laguna es el mitológico escenario de la creación de los humanos narrada en el mito de Bachué, hicieron de este pueblo el mayor productor de trigo del país durante la Colonia.

La persistencia de la memoria es un hecho en cada uno de los rincones de Villa de Leyva: el Centro de Investigaciones Paleontológicas, el Parque Arqueológico de Moniquirá, también conocido como el observatorio astronómico muisca del Inviernito, los museos como la Casa de Nariño o la Casa de Antonio Ricaurte, que reviven la vida de estos dos próceres de la Independencia; o las casas del artista Luis Alberto Acuña y el poeta y escritor José María Vargas Vila, son las piedras de los caminos que llevan la historia de Colombia desde su prehistoria hasta más allá de nuestros días y los que faltan por venir.

Inmortalizada en Cien Años de Soledad, Ciénaga se levanta de las cenizas de la Masacre de las Bananeras como Capital del Realismo Mágico. Vecina de Aracataca y de Santa Marta, está emplazada entre la Sierra Nevada y el legendario Mar Caribe, escenario del Descubrimiento de América. De hecho, sus historia podría contarse en tres tiempos: el primero, cuando llegaron los españoles a la región, el poblado ya existía como aldea aborigen cerca a las fértiles tierras que bañan los ríos Córdoba y Toribio; el segundo, durante la Colonia, como pueblo tributario de la Corona; y el tercero, en la bonanza bananera, que le daría a su arquitectura un aspecto europeo de finales del siglo XIX e inicios del XX, mezclado con las necesidades caribeñas, pero al mismo tiempo, la marcaría de por vida con la legendaria masacre de sus más de mil ochocientos trabajadores.

Ciénaga es la cuna de Guillermo Buitrago, pionero de la popularización del vallenato, del “paseo” interpretado con guitarras que daría origen al vallenato y que haría famoso Rafael Escalona, pero también es un territorio poblado por leyendas inmortalizadas en figuras como el Monumento a la Leyenda del Caimán, que ha inspirado canciones folclóricas, relatos populares y hasta festivales.

 

La histórica joya al margen del río Magdalena
SANTA CRUZ DE MOMPOX, BOLÍVAR

Mompox (Mompoj en lengua malibú) era el nombre del cacique que resistió con brío y valentía las escaramuzas de la conquista de Alonso de Heredia, hermano del fundador de Cartagena, Pedro de Heredia. Mompox es el nombre que le recuerda a los momposinos que su pueblo ha merecido, desde su fundación en 1537, el epíteto de “la Valerosa”; una población ubicada a 250 kilómetros de su ciudad hermana, Cartagena, “la Heroica”.
La arquitectura de la ciudad es una línea del tiempo de los avatares del país. La Colonia habita el centro con sus construcciones religiosas: el convento de Santo Domingo, el hospital de San Juan de Dios, el convento de San Agustín o la iglesia de Santa Bárbara. La Independencia bulle en la primera declaración de emancipación, en el primer ejército con que Bolívar inició sus campañas libertadoras; “si a Caracas debo la vida, a Mompox debo la gloria”, fueron sus palabras. La República
se erige con intelectuales como Candelario Obeso. Y nuestro tiempo celebra y goza del colorido de la cultura caribeña con cantantes como Totó la Momposina.
Sus joyas de oro, su tradicional mecedora, sus productos de cerámica, sus calles, su gente y su historia han llevado a Mompox a ser no solamente un patrimonio cultural colombiano, sino un bien de la humanidad.

Destino de peregrinación en el corazón del Valle del Cauca
GUADALAJARA DE BUGA, VALLE DEL CAUCA

En el corazón del inmenso Valle del Cauca, atravesado por el río Guadalajara, se encuentra Buga, uno de los municipios más antiguos de Colombia, poseedor de una larga tradición religiosa reflejada en la Basílica del Señor de los Milagros (cuyo campanario es el más grande del país), la Catedral de San Pedro Apóstol o los templos de San Francisco y de Santo Domingo. Un pueblo protagonista en la historia social y política de la región caucana, no solamente por ser una de las fundaciones de Sebastián de Belalcázar (fundador de Santiago de Cali, Popayán y de San Francisco de Quito), sino también por ser cuna del químico y militar José María Cabal, héroe de la Independencia en cuyo honor se nombra la plaza donde originalmente nació el pueblo. 

Su centro histórico reúne un sector en el que la historia sobrevive a lo largo y ancho de sus calles: la sede de la Universidad del Valle, que conserva un diseño en el que al norte se observan diseños coloniales y al sur, estilos republicanos; los portales de Fuenmayor, un edificio de corte republicano; el Palacio de Justicia, construido en el siglo XVI y que funcionó como Casa Colonial del Cabildo, cárcel, cuartel, y hoy es la sede del tribunal judicial más antigua de Colombia; el Teatro Municipal, construido en un estilo Neoclásico a inicios del siglo pasado; el Palacio Municipal que desde inicios del siglo XX ha sido la Alcaldía; el Puente La Libertad, construido a finales del siglo XIX; entre otros edificios, cuentan, paso a paso, el trasegar de la historia de nuestro país desde sus violentas colonizaciones hasta su desarrollo industrial.

La puerta del Magdalena al centro del país
HONDA, TOLIMA

Honda es el vértice en el que se encuentran tres departamentos colombianos: Tolima, Caldas y Cundinamarca. Su posición geográfica ha sido estratégica para conectar el centro del país con el Caribe, la entrada hidrográfica por donde España accedió a Colombia. Sus treinta y tres grados centígrados entumecidos en medio de las cordilleras Central y Oriental, contrastan con las afluencias del gigante Magdalena y el río Guarinó: fuentes hidráulicas que han hecho de este municipio el primer puerto fluvial de Colombia y un centro de acopio de mercancías y de reunión de comerciantes, viajeros y campesinos que a lo largo de sus 477 años de descubrimiento español han viajado de Cartagena a Bogotá.
Su estratégica ubicación geográfica fue también escenario de las escaramuzas de liberaciones y reconquistas que se vivieron a inicios del siglo XIX entre los ejércitos pacificadores e independentistas. De esos tiempos hoy quedan construcciones como la Calle de las Trampas, herencia que recuerda las calles andaluzas; el Puente Navarro, que une Cundinamarca con Tolima y que es símbolo de tantos puentes que posee el municipio; o el Museo del Río Magdalena, ambientado como una embarcación colonial, que alberga vestigios del río más importante en la historia del país.

Un puerto para todo el mundo
SANTA CRUZ DE LORICA, CÓRDOBA

Lorica es una población que encarna, en una compleja sumatoria, la historia de Colombia: su pasado colonial, sus luchas independentistas, su maltrecha tradición republicana, y su estratégico y acogedor territorio en el que turcos, libaneses y sirios encontraron refugio huyendo de las guerras que a finales del siglo XIX e inicios del XX azotaron a Europa. Su catedral y su centro histórico, construido al margen del río Sinú, recuerdan el esplendor portuario y comercial que la ciudad tuvo hasta mediados del siglo pasado; y sus construcciones reflejan la identidad mestiza de la región: su plaza de mercado pintada con los colores del trópico, sus casonas de estilo mudéjar, andaluz y árabe, y sus calles y construcciones administrativas de corte republicano. Estas tradiciones contrastan con sus festivales y su gastronomía: el Festival de la chicha y el ñame, herencia indígena y afrodescendiente; el Festival de la piña y sus derivados, característica de la jugosa vida tropical; y el Festival del Sinú, que recuerda las bondades de las costumbres de su gente y los beneficios de su situación geográfica.

La belleza de un pueblo tallado en piedra
BARICHARA, SANTANDER

Pocos pueblos en Colombia han sido fundados sin una leyenda de fondo. La de Barichara ha sido escrita en piedra desde que la virgen apareció en 1702. Hoy son ya trecientos catorce  años que esa leyenda se ha hecho pueblo construido literalmente roca sobre roca. Todo el pueblo, sus calles, sus casas, su iglesia, se construyeron en piedra desde que los campesinos levantaron una iglesia para adorar la aparición de la Inmaculada, desde que a fines del siglo XVIII su plaza se convirtió en un memorial histórico colonial que le dio un color arcilloso a fachadas y caminos, y que coronó, con el rojo intenso del barro quemado, los tejados de sus casas; dejando una combinación natural con la madera de los balcones y los marcos de las ventanas, y haciendo del pueblito más bonito de Colombia, un monumento nacional emplazado en todo el centro del departamento de Santander.
Hoy, todavía se encuentra la escultura milagrosa a la entrada de Barichara; se ve el Puente Grande que anuncia sus caminos de herradura construidos por esclavos durante la Colonia; y sus casas miran hacia las calles con fachadas blancas, dejando al descubierto en color natural sus cimientos de piedra; piedra que destaca no solamente en la belleza de su arquitectura, sino además, en las familias de escultores que tradicionalmente han vivido allí.

La ciudad museo de Colombia
GUADUAS, CUNDINAMARCA

Cuna de la heroica patriota Policarpa Salavarrieta, del médico Juan N. Corpas, punto de descanso y refresco entre Honda y Bogotá durante la Colonia, centro  de experimentación de la Expedición Botánica y, por tanto, parte de la Ruta Mutis, Guaduas ha sido territorio emblemático de la historia política y cultural de Colombia.
Entre sus edificaciones todavía se pueden encontrar casas en bahareque, con tejas de barro o techos de palma, lugares como la Casa Museo del Virrey Ezpeleta, que aloja objetos arqueológicos prehispánicos encontrados en los asentamientos indígenas, y obras de arte coloniales; la Casa Museo Policarpa Salavarrieta, donde no solamente se puede observar la vida cotidiana de La Pola, sino también los usos y costumbres de la época; el Convento de la Soledad, una construcción de inicios del siglo XVII donde Bolívar y Sucre se hospedaron, y en el que hoy funciona la Alcaldía del municipio; o el Puente Navarro, considerado el primer puente metálico construido en Suramérica; todos ellos son, en conjunto, vestigios de una historia viva a poco más de 100 kilómetros de Bogotá.

Una obra de arte arquitectónica en el corazón boyacense
MONGUÍ, BOYACÁ

La frialdad de su clima contrasta con la belleza y calidez de su gente. Monguí, considerado el pueblo más bonito y tranquilo de Boyacá, posee una gastronomía exquisita de tradición indígena y colonial que combina las sopas, los lácteos, las carnes y las verduras típicas del altiplano cundiboyacense. Sus calles empedradas, en cuyos márgenes se erigen casas que recuerdan la España colonizadora, con sus fachadas blancas y tejas de barro cuentan la historia de las costumbres y la vida cotidiana de sus pobladores.
Hoy en día la tradición gastronómica y arquitectónica combina con una práctica moderna: el cosido y vulcanización de balones de fútbol, manufactura que ha llevado a sus productores a exportar los esféricos a Centro y Suramérica.
Su herencia cultural se asemeja a un cuadro donde la blanca arquitectura destaca en la belleza del verde y montañoso paisaje de fondo; una experiencia estética en medio de una tradición histórica modesta donde los protagonistas son las calles, los monumentos, la tranquilidad y el silencio.

La colorida corona de la cordillera Central
SALAMINA, CALDAS

Si la Colonia dejó plazas de piedra y grandes templos, la colonización antioqueña de finales del siglo XVIII ha dejado a su paso los cafetales que aromatizan y reverdecen la agreste geografía de la cordillera Central (y que hoy son patrimonio universal), las fondas de arrieros que en los caminos paraban a tomar aguardiente y a abastecerse con la bandeja paisa, y lugares como Salamina, Filadelfia o Manizales. 
Las angostas calles de Salamina, protegidas del sol por la sombra de los aleros de las casas de bahareque y tejas de barro, se embellecen con los coloridos balcones y las masetas de flores que abundan en fachadas tanto como en los inmensos interiores de las casas: colgadas en columnas y barandas de madera que rodean los patios, en cuyo centro no es extraño encontrar una fuente de agua rodeada por todo tipo de plantas. Sus portones y estructuras de madera recuerdan la tradición carpintera y ebanista de sus tradicionales artesanos: el quiosco del parque central, los techos, el sagrario y los marcos de los vitrales del Templo de la Inmaculada Concepción están tallados en madera con la maestría y el arte de sus ebanistas.

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