Entrevista

Entrevista

Su arquitectura es un diálogo permanente. Y es tal vez esta característica, una de las más sobresalientes de su trabajo, el producto de su ascendencia, de la manera en la que creció y se apropió del mundo desde el inicio.

 

 

Escrito por Ana María Archila
Fotografías Equipo Mazzanti

GIANCARLO MAZZANTI
LA ARQUITECTURA COMO ACTO COLECTIVO

Su arquitectura es un diálogo permanente. Y es tal vez esta característica, una de las más sobresalientes de su trabajo, el producto de su ascendencia, de la manera en la que creció y se apropió del mundo desde el inicio. De origen francés, italiano, antioqueño y boyacense, este barranquillero, nacido en 1963, es la síntesis de muchas ideas, costumbres y maneras de ver el mundo. “Yo creo que eso también me construye y me permite entender y ser mucho más diverso, entender la diversidad”, afirma.
Diversidad esta que se manifiesta en todos los procesos de creación de su trabajo, y en su propio estudio de arquitectura, que a diferencia de los de la mayoría de grandes arquitectos, no lleva su nombre completo, lleva el sello de quienes crean con él: su equipo. “Más que la oficina de Giancarlo, se llama El equipo de Mazzanti, porque en los últimos 25 años nosotros hemos trabajado con más de 57 diferentes oficinas de arquitectos o de sociólogos, o hemos trabajado con artistas o hemos trabajado con otro tipo de profesionales”, asegura.
“Un proyecto no nace de un trazo en un papel, sino nace de una discusión de cinco o seis personas en la oficina, comenzamos a discutir, y ahí se comienzan a hacer esos trazos y el papel queda dibujado por muchas manos al mismo tiempo”. Así, la arquitectura es un acto
colectivo que evade los dogmas asociados a un solo artista creador y construye diferentes mundos a partir de muchos ojos que ven diferentes aspectos y marcan caminos diversos para recorrer.

“Hay un interés específico por la diversidad en lo que hago y en entender la cultura en la cual me muevo y habito”.

Evadiendo los dogmas

Hijo de una cultura diversa y abierta a los cambios, Mazzanti se graduó como arquitecto de la Universidad Javeriana en 1987; a sus 22 años, siendo “básicamente un niñito”, como dice él, ganó un concurso  organizado por el gobierno suizo, el gobierno francés y la Fundación Le Corbusier, para viajar a conocer la obra de este arquitecto, uno de los más importantes del movimiento modernista; e hizo un posgrado en Historia y teoría de la arquitectura y Diseño industrial, en Florencia, Italia, país en el que trabajó también con uno de los arquitectos más reconocidos de la península itálica: Cino Zucchi.
Con esta formación y un mundo de ideas en la cabeza, aprendió que la arquitectura, y la vida en general, no es una cuestión de acumular conocimiento y hacer siempre lo que se sabe hacer; se trata, más bien, de investigar, compartir ideas, de tener una postura crítica y abierta. “Cuando uno repite lo mismo que sabe hacer (…) llega un momento en que uno no sabe qué está haciendo. Pero cuando yo me siento contigo a trabajar, tú vas a poner en duda lo que yo estoy haciendo, yo voy a aprender de ti y tú
vas a aprender de mí, y ese intercambio de conocimientos te enriquecen y te hacen siempre estar cambiando, transformando; construyendo una cosa que Octavio Paz llamaba la razón crítica, eso
produce desarrollo, progreso y siempre estás investigando y creciendo (…)”.
Por eso, además de su trabajo con grupos interdisciplinarios y la constante innovación, investigación y  desarrollo que impulsa en su estudio, Mazzanti ha dedicado parte de su tiempo a educar a nuevas
generaciones en universidades nacionales e internacionales, como Los Andes, Princeton, Harvard y Columbia. “Enseñar significa descubrir… la enseñanza es una forma de aprendizaje”, concluye.

Construyendo mundos

¿Qué queremos aprender? ¿Qué queremos producir con la arquitectura que estamos haciendo?, son las dos preguntas que funcionan casi como un rito al iniciar cualquier nuevo proyecto. Y es que para Giancarlo Mazzanti la arquitectura no es un simple objeto estético para contemplar, la arquitectura es un lugar
para construir relaciones, para cambiar actitudes, para forjar comunidades y encausar sueños.
Piense en un lugar inhóspito, en el que hay una pequeña casa con las paredes sucias y la pintura gastada, una puerta muy angosta lo conduce a un salón oscuro, en el que no sabe hacia dónde moverse… El piso es irregular y el olor a humedad y a polvo hacen que use su pañuelo una vez más… una voz se confunde con el sonido de su tos, alguien le habla desde atrás… Piense ahora en una escena similar, pero esta
vez se encuentra en una casa rodeada de jardines, con amplios ventanales que dejan entrar la luz del sol… la brisa del mar envuelve el ambiente con su olor y frescura… una voz armoniza con el eco de las olas, ¿quién puede ser?

 

Jardín Parlante es una iniciativa del Equipo Mazzanti, dedicada a generar pensamiento crítico y discusión a través de conferencias, libros e investigaciones. “La arquitectura es capaz de producir
 o de generar cierto tipo de bienestar, más allá del simple hecho del bienestar físico directo, que es lo mínimo que debe tener”.

“La única manera de no ser dogmáticos es trabajar en equipo y no trabajar solos, no mirarnos al espejo”.

¿Cómo actuaría ante la voz desconocida en los dos espacios descritos? Dos situaciones diferentes propiciadas por dos construcciones diferentes, que demuestran que la arquitectura va más allá de sacar a la luz nuevos proyectos, se trata de generar relaciones y emociones. Puede hacer que nos sintamos seguros, alegres y a gusto… también puede hacer que la inseguridad, la zozobra y el descontento se apoderen de nosotros.
“Yo creo que la arquitectura es una forma de construir pensamiento y, sobre todo, una forma de construir mundo, una forma de habitar el mundo. A mí lo que me interesa cuando hago arquitectura es no solamente pensar en cómo es el edificio, sino lo que ese edificio produce en mejoramiento de calidad de vida, en bienestar social, en formas de relacionarse, en comportamiento.
En cómo la arquitectura es un instrumento para construir un mejor mundo para habitar”, dice Giancarlo Mazzanti. Y es quizá por esto, que más de la mitad de sus proyectos están pensados para generar un gran impacto social. Colegios, centros deportivos, jardines infantiles, bibliotecas… lugares incluyentes que pueden hacer que la sociedad tome un rumbo distinto, más positivo. “Nosotros creemos que la arquitectura es un mecanismo de inclusión social, que puede ayudar a transformar y tiene un poder mucho más grande que el que nosotros mismos creíamos hace unos años en Colombia”, asegura.
Así, cada que se pone una viga, se erige un pilote, se mira por una ventana o se asciende por una escalera, se construye una realidad colectiva. Se construye una manera de habitar y de entender
el mundo. Se construye la arquitectura, que es producto de todos y un regalo para cada uno.

Algunas de sus obras

• C.Convenciones Puerta de Oro, Barranquilla
• Colegio Flor del Campo, Cartagena
• Colegio Pies Descalzos, Cartagena
• Cubierta Cazucá, Bogotá
• Escenarios deportivos para los Juegos Suramericanos 2010, Medellín
• Jardín infantil El Porvenir, Bogotá
• Jardín infantil Timayui, Santa Marta
• Parque Biblioteca España, Medellín
• Spa Chairama, Bogotá

Algunos de sus logros

• Primer arquitecto colombiano en formar parte de la colección permanente del Museo de Arte Moderno de Nueva York (Moma) y del Museo Georges Pompidou de París
• Premio Diseño Urbano y Paisaje, X Bienal de Arquitectura de Venecia, 2006
• Mejor obra de Arquitectura y Urbanismo, VI Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo, 2008

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