El abrazo de la paz

En un momento tan importante y relevante para el país. En un momento en el que el tolerancia y la aceptación son parte de la solución. En un momento en el que se está hablando de paz, hay personas que levantan la voz y demuestran que sí es posible perdonar. Amarilo le cuenta la historia de Edgar Enrique Bermúdez y su abrazo de la paz.

Edgar Enrique Bermúdez de Ávila es un hombre que nació en Rioacha, Guajira. En su búsqueda por tener mejores oportunidades de vida, un día, en Villavicencio, vio un letrero que decía: ‘Hágase el mejor policía de Colombia’. Interesado, fue a averiguar, compró su carpeta de admisión, pasó todos los exámenes necesarios y, durante un año, estudió para ser parte de la fuerza pública.

Luego, lo mandaron al Espinal, Tolima, a hacer un curso de comando de operaciones rurales, bajo la estrategia del Plan Colombia, apoyada en su mayoría por el gobierno de los Estados Unidos. Allí entrenó arduamente durante tres meses para luego ser llevado a Pasto, en donde, junto a sus compañeros “llenos de ilusiones y sueños”, se enfrentaron a la realidad del conflicto armado.

Es así que en una de sus misiones, el 16 de agosto de 2005 en el departamento Nariño, después de un enfrentamiento con un frente de las FARC, realizaron un patrullaje en un cerro cercano y, al regresar, “un compañero falleció, pues pisó un campo minado. Yo estaba más arriba de la explosión entonces continué, pero cuando me volteé sentí el ‘tick’ y se me reventó todo en la cara”, explica Edgar. La mina antipersonal le hizo perder sus dos ojos y le dejó secuelas y cicatrices en el abdomen, brazos, manos y rostro.

Fueron tres difíciles meses de recuperación en el hospital y cuando fue dado de alta perteneció a la Fundación Corazón Verde quien lo postuló a la red de liderazgo Origen. Ahí, cuenta el ex-policía, se le enseñó a ver la vida de otra manera y a hallarle sentido, así como aprendió a ser un excelente líder y conoció amigos de diferentes partes de Colombia, incluyendo a desmovilizados de las FARC y de las autodefensas.

Un día, en Villa de Leyva, al tener una noche de talento, decidieron hacer juntos ‘el abrazo de la paz’: un verdadero proceso de reconciliación y perdón. “Yo no esperaba conocer personas que pertenecieron a unos grupos irregulares con una calidad humana hasta sorprendente”, cuenta Bermúdez y añade que no se trata de simplemente estigmatizarlos, discriminarlos, ni violentarlos, pues cuando se conoce la dinámica del país y del conflicto, no todo es blanco y negro.

“Esas personas estuvieron en el conflicto por reclutamientos a la fuerza cuando tenían 12 o 15 años, por amenazas o por necesidades. Uno los trata de narcotraficantes o terroristas, sin saber que ellos ni siquiera tuvieron la capacidad de decidir. Decidieron por ellos”, enfatiza.

Finalmente, Edgar señala que aunque él perdió su vista sirviendo el país aprendió a reconocer que “ellos [personas desmovilizadas] también son colombianos y puede ser una oportunidad para aportar y salir adelante. Construir país. Construir nación”. Hoy en día, Edgar es padre de dos hijas, cantante de vallenato y está montando una red de apoyo conformada por personas que fueron directamente afectadas por el conflicto – sin importar el bando en el que haya estado -, para ayudarles a conseguir una carrera profesional y para, simplemente, “tener las ganas de seguir adelante”.

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